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miércoles, 25 de noviembre de 2015

Faroles



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La alcaldesa de Madrid, que no es mujer de ambiente espiritual, lleva la vara como un farol, el farol del rojerío tardofranquista, como podría llevar la corona del Burger-King, y no es feliz.

¿Qué ha fallado aquí?

Carmena con un farol en su despacho de Cibeles es como Guillermo Marín en “La torre de los siete jorobados”, a pesar de los euros (350.000) de la reforma, que es lo que vienen a costar los pósteres del “Guernica” y del Che, que será lo puesto para alegrar la decoración zen que dejó Gallardón, pues Botella en Arte no entró más que para subastar un Millares a precio de Revello de Toro.
Con el “Che” y un “Guernica”, más el Sobrinazo y demás parentela colocados, el Ayuntamiento de Carmena es como el Comisariado de la Cultura de Lunatcharski, un comisario tan obediente a Lenin como la alcaldesa a Pablemos, pues empleó a las esposas y hermanas de los jefes bolcheviques: Krupskaia, señora de Lenin; Bouch-Bruevich, hermana de Lenin; Trotskaia, señora de Trotski; Kameneva, hermana de Trotski; Dzerzhinskaia
Luchamos y sufrimos no por nosotros, sino por la felicidad de los niños –dirá Dzerzhinski, un doble de Pablo Motos, fundador de la policía secreta y de la Checa, en el despacho de Lunatcharski para poner sus “fundaciones” al servicio de la causa: acabar con la vagabundería infantil–. ¡Corramos, como si esos niños estuvieran ahogándose!
Y le hicieron jefe de la Detkomissia (Comisión para la Infancia), donde, con el apoyo de los chekistas, montó colonias, escuelas de trabajo, comunas autosuficientes y, en una palabra, felicidad.
La conquista del poder no tendría sentido si no hiciéramos felices a los hombres –había dicho Lunatcharski.

Para hacer felices a los hombres lo primero es hacer felices a los niños, y por eso Carmena se tira el farol de querer llenar de niños el Ayuntamiento, esa Detkomissia.

Como no leen a Nietzsche, por facha, no saben que los hombres no aspiran a la felicidad:

Sólo los ingleses lo hacen.