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martes, 3 de noviembre de 2015

Sopa de ganso

Groucho ante el espejo de "Sopa de ganso"


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La cara amable del tabarrón catalán es que España puede pasar a la Historia como la primera nación que se “rompe”, no por la guerra, como manda el reglamento, sino por el morro.
En España, un poco de morro es mucho. Acuérdense del 31, cuando Azaña se presentó en Gobernación del bracete de Miguelito Maura, dijo (temblando como Mas en el Juzgado) que querían el Gobierno… y se lo dieron.

Con cinco años de asaltos de tanteo (para medirse la pegada), los separatistas, que saben a dónde van y son mejores tenderos-abogados, le han echado morro y plantean una batalla final (circunstancias, fechas y plazos muy estudiados) que tiene al Estado haciendo de Groucho en la escena del espejo de “Sopa de ganso”, y a esto el periódico global lo llama la bomba atómica del 155.
Menos contemplaciones y más cogotes de Rato, es lo que desea la calle, entendido “cogote de Rato” como unidad de medida del brazo secular español.

El mundo político de hoy consta de una multitud de mediocres, de un número bastante menor de agitadores y de un puñado de santos –escribe Patrick E. Kennon en “El crepúsculo de la democracia”, de 1996.

Para Kennon, ex de la Cia, los que determinan el sistema son los más, los mediocres, cuya adoración a los hábitos del poder es sólo comparable a su terror a enfrentarse a los problemas reales y decidir acerca de ellos.

No tomar decisiones drásticas es, pues, la mejor manera de mantenerse en el poder, concluye Kennon, para quien aquellas sociedades que sigan administrándose “por individuos cuya única cualificación es la de ganar elecciones irán de fracaso en fracaso y eventualmente desaparecerán de la escena”.

En la vida, si un camorrista agrede a un señor bajito, éste acude a un abogado. Pero si ese mismo camorrista agrede a un señor fuerte (¡el Estado!), se lleva un guantazo. Salvo en una película de Hulk Hogan, en que el gigantón cae sobre un mequetrefe que le afea que quiera pegarle:

¿Pegarte? Peor. ¡Te arruinaré en abogados!