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martes, 5 de mayo de 2015

Tongos


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Dice el andaluz de Ciudadanos que, con ellos, Andalucía cambió en treinta días más que en treinta años.

    Esta sinécdoque (confundir la parte, ellos, con el todo) es muy española. ¿Quién duda de que a ellos les ha cambiado la vida en treinta días de política como no les cambiaría en treinta años de trabajo? Cosas del sistema proporcional, la primitiva de los sistemas electorales.

    Sevilla es la ciudad que uno elegiría para vivir, si me tocara la primitiva. Mientras, me conformo con ir a Sevilla a miuras y victorinos y a algunos puentes. Que le den la medalla del Trabajo a Nadal y no la tengan los camareros de la bodega de Santa Cruz, que desde la amanecida hacen chistes para alegrar la existencia a los clientes, es la prueba de que en España no hay sociedad civil (sólo estatal).
    
Sevilla sigue donde siempre. Incluso Alfonso Guerra, pelando acedías de domingo en la Puerta de la Carne, sigue (quizás más “echao p’alante”, pero por la edad) como siempre. Y todo lo que el andaluz de Ciudadanos tiene para decir lo que ha cambiado Andalucía en treinta días es un pacto contra la corrupción sacado del catecismo del padre Astete, que, bien mirado, esos son los respetos que se merece una sociedad española cultural y políticamente arrasada.

    Lo de Susana Díaz y el andaluz de Ciudadanos parece el mismo tongo que el Mayweather-Pacquiao (compárese el espectáculo con el de Thomas “La Cobra” Hearns-Sugar Ray Leonard), un “do ut des, pero al revés, no te doy para que no me des, y en septiembre, con la revancha, otro combate del siglo.

    La política carece del pudor del boxeo, donde Óscar de la Hoya pide perdón a los aficionados y Tyson se hace en voz alta la misma pregunta que las novias románticas cuando salen de casarse en un triste juzgado: “¿Y esto es todo?”

    Pero es un gozo ver a Susana Díaz de Mayweather (que lo copió de Alí, que lo aprendió de Joe “Shotgun” Sheldon): espalda en las cuerdas, y a encajar golpes en el estómago, que en política es lo más duro.

La pringá mañanera de La Bodega de Santa Cruz