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viernes, 22 de mayo de 2015

La de los Cuvillos. ¡Ay si Curro, que estaba en la plaza, baja y se pone a torear al Lenguadito de Castella!

LOS TOROS VISTOS POR EL QUE PAGA

Nueva Enciclopedia del Arte (?)

José Ramón Márquez

Antes de entrar en la deprimente tarde, hay que tratar una cuestión previa, como dicen los Tertulianos, referida al asunto de Urdiales. Cuando salieron los carteles era algo incomprensible que un torero bastante visto, gracias al bagaje incuestionable de sus naturales excelsos en la Feria de Otoño, fuese recompensado con tres corridas en San Isidro. Si además de entre esas tres corridas dos eran la del Cuvillo y la de Victoriano del Río junto a Castella, Talavante, Fandi y Fandiño, la cosa ya era rara, rara. O sea que el año 14 sólo le traen a San Isidro con la de Adolfo Martín, el año 13 viene con la de La Dehesilla y la de Baltasar Ibán, el año 12 le colocan con la de Bañuelos y la de Victorino y este año llega de pronto a Madrid “en olor de santidad” y anunciado con los bobicornes de los cuvi y los victorianos además de con la de Adolfo. Ayer, como cosa previa, un tertuliano llamado Amón tuiteó que Urdiales, si hubiese nacido en Ronda, sería hijo de Ordóñez (sería rondeño, pensamos muchos), y rápidamente el promotor del PPPP (Pingüe y Prestigioso Premio Paquiro) se apresta a ahondar en ésa línea, seguido también por el antiguo crítico taurino del diario El Mundo. En la mañana de hoy se presentó en Madrid, Círculo de Bellas Artes, y con el adecuado boato, el libro “Retrato de pureza” donde cincuenta personalidades del periodismo, la empresa, el arte, las finanzas, etc. glosan en breves textos al de Arnedo. Y para colmo, en la primera de sus tres tardes madrileñas, aparece en el tendido 9 de Las Ventas Curro Romero, traído a punta de capote desde Sevilla, lo mismo que en El Padrino llevan a Washington desde Sicilia al hermano de Frank Pentangelli, para recibir el brindis del riojano. Mucho lío alrededor de un torero que lleva cerca de quince años de alternativa en quien, además de unos pocos aficionados, no se había fijado casi nadie, y menos aún gente de tanto pedrigree como los citados más arriba. Dicen que hay intereses de La Rioja detrás, y ya se sabe que en este mundillo hay rehalas de olfateadores de la propaganda gansa.

Tras la cosa conspirativa, ahora lo demás. Madrid toca fondo, día a día. Decía ayer Vicente Palmeiro que “Madrid se hunde con toda su majestuosidad, como el Titanic” Hoy hemos visto reventar otra esclusa y hemos visto entrar otro chorro de agua hasta bien dentro de esta pobre Plaza vilipendiada a la que antes llamaban “la Primera Plaza de Toros del Mundo” y que día a día vemos como se va transmutando en “la Primera Plaza de Toros de Pueblo del Mundo”.

La impresentable corrida que ha traído a Madrid don Joaquín Núñez del Cuvillo es una declaración patente de odio a la Fiesta y de desahogo personal. No se puede criar unos animales más inválidos, más mentecatos, más antitaurinos que las seis prendas, asquerosas prendas, que don Joaquín ha mandado desde Cádiz a hacer el más deprimente de los ridículos a Las Ventas. Los seis ganapanes que, etiquetados como toros, salieron al ruedo de la Monumental son un insulto a la inteligencia, son una redada para las calles de un pueblo poco exigente y en fiestas, son una incitación a la denuncia por maltrato animal, pues la condición sumisa y perruna de los seis desgraciados tendía más a la vaca de Milka, berrenda en morado, que al toro de lidia. Como prueba de la condición impresentable de las reses aprobadas en el reconocimiento digamos que hoy no se picó. Se hizo un simulacro por motivos puramente formales, pero la corrida podría haber sido perfectamente sin caballos y no hubiese pasado absolutamente nada. O sea que puede decirse que hoy Óscar Bernal en su octava comparecencia en Las Ventas en este San Isidro se llevó el jornal limpiamente y sin despeinarse. Decían los viejos que mirando el toro es imposible aburrirse en una corrida, y ya me hubiese gustado ver a los viejos mirando los desplomes y deslomes, los tembleques y contorsiones o las clavadas de pitoncillos en la arena de los cuvillejos, a ver qué decían. Al quinto, Asturino, número 234, le dio el baile de San Vito por una mala postura durante el saludo con el capote y como la cosa iba a más en descoordinación motriz, el Presidente don Trinidad asomó el moquero verde y mandó salir a los bueyes de Florito para llevarse a la prenda. A cambio echaron uno negro de El Torero, Lenguadito, número 74, que fue la máquina de embestir.

Como se dijo antes en la prolija introducción, Urdiales es un torero bastante visto en Madrid donde hay una legión de aficionados que le esperan de muy buen grado. Su leyenda está basada en su innegable torería, en la pureza de sus formas y su manera de estar en el ruedo tanto como en las ganaderías de toros encastados a las que se ha enfrentado, con notables triunfos, lo mismo en Francia que en Bilbao o en Logroño. Su bagaje madrileño es más bien de apuntar y no dar o de dejar la miel en los labios, como en aquella faena al toro de Carmen Segovia en la que dejó sentada de manera muy clara su forma clásica de interpretar el toreo y la torería que atesora. Hoy ha estado en ese registro, poniendo algunos argumentos de gran calidad junto a otros más insustanciales. La cosa ha tenido lugar en su segundo, pues el primero era una babosa inmunda que no se tenía en pie. Ahí ha estado que si sí, que si no y entre col y col ha dejado un par de buenos naturales dados de uno en uno y tres redondos con mucho mando y gran emoción... ¡y una trincherilla!, apunta Juanito, y reseñada queda. Pocas nueces para tanto ruido.

Castella se ha encontrado por casualidad con la máquina de embestir. Ni una mala mirada, ni un feo, ni un mohín se le puede echar en cara al pobre de Lenguadito, número 74, sobrero de El Torero. Era como el carretón, pero sin rueda de bicicleta ni un tío detrás. Le citabas, da lo mismo dónde y cómo, y el animalito agachaba la cabeza y arrastrando la nariz por el suelo se iba detrás del trapo colorado hasta donde llegase el brazo del torero. Si el pase era un telonazo, el bicho ni se inmutaba, si le echaba de mala manera hacia las afueras, al animalito le importaba un bledo: lo suyo era ir e ir e ir hasta que tocase el momento del espadazo. Muchos nos hacíamos cruces pensando en lo que podría haber hecho Curro con ese toro si le da por bajarse del tendido, cortar la mitad de la manta que llevaba Castella por muleta y ponerse a torear. En suma el bagaje de Castella con Lenguadito fue que le dio exactamente 72 pases y el toro se fue a gozar de la presencia del Creador sin haber sido toreado en ningún momento. En cuanto a los méritos de Castella con su primero sólo digamos que el animalejo se deplomaba y  parecía hecho de soufflé y el tío fue capaz de tenerle un buen rato mareándole y tundiéndole con 58 pases o telonazos.

A Talavante siempre le esperamos con atención para ver cuál es el estilo que ha adoptado para ese día. En su primero se puso a torear por Juliancín de San Blas a base de alcayateos, curvaduras torsiones y otros movimientos muy poco saludables para las lumbares. Tenía la cosa medio enjaretadilla, pero el caracol decidió quedarse parado entre un pase y el siguiente, con lo que el julianceo queda muy poco lucido. En su segundo, con las mismas trazas del primero, abrevió y la gente, en vez de agradecérselo, le dieron silbos y denuestos. En su primero con todo y con eso le sacudió al animal 64 pases, que se dice pronto, y a su segundo lo puso patas arriba tras sólo 29, para que se vea su contención.

Lo suyo es que no se volviese a programar otra basura como la que hoy se ha dado en Las Ventas, y menos aún a Plaza llena y con el “No hay billetes” en la taquilla. Ni el equipo veterinario, ni el Presidente deben acceder a las chapuzas de la Empresa y actuar con toda firmeza en defensa del espectáculo. Lo de esta tarde en Las Ventas, el toro cargándose la Fiesta, podría perfectamente haber sido organizado por los de PACMA o cualquier otra plataforma antitaurina.

 La Primera Plaza de Pueblo del Mundo

 Ambiente

 La papela de Abella

 El programa

 El nuevo Ordóñez

 El dueño del Barbate

 Un bético

 La Comunidá

 El nuevo Hemingway del nuevo Ordóñez

 Abella camino del nido

 Julián, el modelo de todo el destoreo moderno

 La tronera de Gala

 La crítica callada

 Don Fernando torciendo... ¡por Urdiales!

 Urdiales, Castella y Talavante

 Capotes

 Urdiales en su Epifanía artística

 Urdiales al aire de su vuelo

 Los ángeles de Idílico

 Brindis de Urdiales al Rey

 Pisando la dudosa luz del arte

 Cabos sueltos

 Caronte

 Le Coq

 Urdialina

 La merienda

 La pica inútil
(Con los nietos de Idílico se suspendió la suerte de varas en Madrid)

 La vuelta que Urdiales se dio por amor al arte, es decir, porque le dio la real gana

 Don Fernando, solo en el aplauso a Urdiales
La causa del vencedor fue grata a los dioses, pero la del vencido, a Catón
(Cosas que dice Lucano en su Farsalia)

 Urdiales y Talavante

 Lenguadito, con todas las papeletas para ser elegido el Toro Más Tonto de la Feria

 El rabito de Lenguadito que Castella no se llevó porque no quiso

 Los setenta y tantos banderazos de Castella al tonto de Lenguadito las dejaron helás

 Brindis de Castella

 La suerte de varas quedó abolida en la Primera Plaza de Pueblo del Mundo

 La realeza

Lo que quedó del selecto público que había alcanzado el éxtasis artístico con el destoreo de Castella