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viernes, 29 de mayo de 2015

El Sevilla de Émery

 Olé por el Sevilla y su atractiva elegancia
 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

Tiene el Sevilla espíritu como de romería alegre y aflamencada. Plantilla que parece provinciana y discreta, pero que resulta rotunda y fiable hasta hacer palidecer la calidad y riqueza de los dos equipos nobles del campeonato de Liga.  De los trece jugadores titulares del Sevilla, quizás ninguno sería titular en el Barça o el Madrid, pero no hay aficionado que se sorprenda si el Sevilla gana al Barça o empata con el Madrid. El Sevilla ya no es equipo menor y sus triunfos no son sorpresa y mucho menos casualidad.

     Es proverbial el olfato de un tal Monchi por detectar el talento por explotar, pero como un servidor fue testigo de la discreción del mejor secretario técnico del fútbol español cuando se recostaba hace bastantes años en el graderío, pongamos de El Arcángel, junto a Caparrós y Álvarez cuchicheando sobre un central de Las Palmas o un lateral del Poli Ejido, entiendo que los burros flautistas pertenecen al limbo de los fabulistas.

    La final de la Europa League del Sevilla contra el Dnieper fue un canto al trabajo del equipo de profesionales más serios que se pasean por el fútbol español y reconozco que me emocioné al ver a Pablo Villa, nuestro Gladiator, al que tanto queremos en Córdoba; a Juan Carlos Carcedo, el fiel ángel de la guarda de Unay Émery y hasta creí reconocer a Óscar, aquél sacrificado centrocampista del Recre, por regalarme el fútbol que imagino.

    Monchi fichó a Unay Émery por lo mismo que fichó a Caparrós o a Juande Ramos. Porque sabe de fútbol. Dicen que a Monchi lo quiere el Madrid, el Manchester y por ahí.... pero Monchi no es de fichar futbolistas contrastados o entrenadores top. Monchi ficha jugadores con talento que pululan en el nivel cinco. Los entrenadores de Monchi los elevan dos o tres niveles con el correspondiente éxito deportivo y la perfecta operación comercial, pero el verdadero truco está en acertar con el entrenador. Humildemente creo que ninguno como Émery al que tanta fe le llevo demostrando en Salmonetes...
      
Emery se puso a entrenar al Lorca siendo jugador. Lo subió a 2ª y lo mantuvo. Fichó por el Almería y lo ascendió a Primera. Fué requerido por el Valencia y lo puso tercero cada liga y eso que le podaban la plantilla cada comienzo de temporada. “ Te quedas sin Silva. Sin Villa. Sin Álava. Sin Negredo” le decían a dos días del comienzo del campeonato y encima el valencianismo le reprochaba el tercer puesto. Sus futbolistas –¡ay, aquél Miguel portugués!- haciéndole jerigonzas a sus espaldas y los periodistas chés faltándole al respeto desde el mas absoluto desconocimiento.
      A Emery le quisieron despedir en Sevilla hace dos años, pero Monchi es sabio y confió en el entrenador mas enamorado del fútbol que pueda encontrarse. Y ahí está Emery, otra vez campeón con la ilusión de juvenil.  Repite título en una  competición  continental con una plantilla en la que como en Valencia le dejaron sin Rakitic, el mejor del equipo.
    Émery ha recuperado a Reyes, que por cierto, tuvo un feo gesto cuando le sustituyó por Coke; se ha inventado un portero, Sergio Rico; un lateral como Vidal. Alba y Gayá también son cosa suya, que conste. Ha descubierto el mediocentro ideal con Krichowiack, y a Banega, una de sus pesadillas en Valencia, le ha enseñado a jugar al fútbol como Dios manda. ¿Y ese desconocido Tremoulinas? ¿Y qué decir del indolente Vitolo de Las Palmas y al que le adivinó el duende?
     
Tengo querencia por Émery y se me nota, pero como hoy es un día en el que Antonio,  pinchaculos palangana, crítico con su entrenador hasta dejarlo de sobra, ha venido a reconocerme que mi insistencia en el buen hacer de semejante profesional tenía fundamento, pues ¡mire usted! se me ahueca el pecho que no vea...

    Enhorabuena a Pablo VillanuevaGladiator blanquiverde, y sobre todo a Unay Émery, un entrenador que no debe caer en la tentación de dirigir un grande. Estoy seguro de que sucumbiría de amargura.