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sábado, 30 de mayo de 2015

La de Domecq. Otra oreja (sesenta minutejos) a Luque por hacer guardia a un juampedro

LOS TOROS VISTOS POR EL QUE PAGA

 El último helicóptero en salir de Saigón,
 antes de que la Abuela Manuela nos deje sin Feria

José Ramón Márquez

La cosa presidencial en Madrid este año es  de risa o de pena mora. Mientras seguimos a la espera de la ansiada dimisión del Presidente señor don Javier Cano Seijo por manifiesto incumplimiento de lo reglamentado en la ilegal vuelta al ruedo que decretó para el toro Jabatillo, galardón que debe ser solicitado por el público y que él metió de recuelo entre el primer y el segundo pañuelos blancos y orejeros,  hoy llega don Trinidad López Pastor a dar una nueva vuelta de tuerca contra Las Ventas sacando el moquero a una mediana petición, tras una estocada haciendo guardia y dos descabellos. Ni los más viejos del lugar recordaban haber visto el galardón de la oreja a una “faena” rematada con una estocada que atraviesa al toro y le sale por la barriga. Don Trinidad debería, cuando menos, explicarse.

Al final, después de tanto juampedreo de recuelo como llevamos en la Feria, llegó lo inexorable: los juampedros de verdad, los de la divisa encarnada y blanca, los del hierro de la uve del señor Duque de Veragua. Juampedros de alcurnia para dar por fin la razón al programa oficial, página 18, donde dice que éste es toro que se arranca de largo, con fijeza y con alegría. Así fue y así hay que reconocerlo. Don Juan Pedro Domecq Morenés mandó a Madrid una corrida a la que el único pero que se la puede poner es la debilidad del primero y la escasa presencia de un par de toros, pero que cumplió en el primer tercio en sus encuentros con los del kevlar, cumplió en el segundo tercio con los de la bipedestación y llegó al tercio de muerte regalando embestidas para quien supiese o quisiese aprovecharlas. Buena corrida la de la juampedritis en Madrid, mucha leña (leña de fundas) para lo que es este encaste y grata sorpresa para quien acuda a la Plaza sin prejuicios.

Lo de los juampedros de Juampedro viene, una vez más, a dar la razón a los que pensamos que sólo Juampedro domina su ganadería. Cuando un constructor o un industrial venido a más se pone a juampedrear, más pronto o más tarde la cosa se le acaba yendo de las manos. No falla. Estos, por el contrario, controlan su ganadería y consiguen que se mantenga a flote en el registro del toro que a ellos les ha dado por criar sin significativas oscilaciones, y es así desde hace la retorta de años. En ese sentido se debe reconocer que, aunque la orientación de esta familia respecto al toro no sea ni mucho menos la que a uno le vuelve loco, si que han sabido mantener siempre a buena altura sus principios y su visión. No sabemos qué habría pasado si en vez de andar a la búsqueda del “toro artista”, en definición de Domecq Solís, hubiesen tomado desde el principio la opción de criar el toro encastado y poderoso, pero mucho me temo que también lo habrían conseguido.
Con los de la uve y la corona se anunciaron Juan Serrano “Finito de Córdoba”, Alejandro Talavante y Daniel Luque.

De Juan Serrano poco hay que decir. Bueno, hay que decir que hace falta muchísimo valor para presentarse en un Plaza de toros con el vestido que se mercó el de Sabadell, terno entre la ópera y la opereta. Luego, lo de siempre, como una jaculatoria, sobre lo bueno que era de novillero, lo de la tremenda cornada, lo de su poco valor frente al toro -el valor para lo del vestido es de otra condición-, lo del gusto que atesora… Lo de siempre, vamos, para decir que no quiere ni ver al toro, que tiene aleccionados a los de la puya para que hagan fracking en la espalda de los toros, que arranca los oles de la multitud con pases que se dan andando o con pases de adorno, y que siempre se espera de él una verónica o media, o un cuarto y mitad, o un cuarto que generalmente nunca llegan. Así anduvo el Fino, como siempre, con la novedad de que hoy se medio insolentó con algunos del tendido 7 que le increpaban, en uso de su sacrosanto derecho a decir lo que les venga en la gana. En vez de preguntarse por qué le decían que se cruzase y que rematase el pase atrás a la malva bendita llamada Delineante, número 152, en vez de asumir la falta de interés de su perfileo, de su ventaja, aceptar la crítica y tratar de hacer las cosas con arreglo a las normas del arte, el tío se descara con los que sufragan su presencia en la Plaza. La descerebrada actitud del Fino es como si ves al frutero que te echa una pera medio podrida y se lo dices y el tío encima se enfada contigo. A saber lo que le dirá su apoderado, bien conocido por su odio al aficionado, en las sobremesas. En su segundo presentó la cara más anodina de sí mismo y desde el momento que tomó la muleta ya se veía que su objetivo a medio plazo era el de ver al toro tirado en la arena y a don José Luis Hiruela, hondero e hijo de hondero, preparándole para ser arrastrado. De nuevo la nada, pero por resaltar algo señalemos su manera ortodoxa de agarrar la muleta por el centro del palillo.
Con Alejandro Talavante siempre hay una incertidumbre y una certeza. La certeza es la del apoyo incondicional que ha de recibir de la colonia extremeña que en cada caso pueble la Plaza: la incertidumbre es la del estilo que presentará esa tarde. Talavante es el camaleón, el torero que se parece a todos, el hombre de la multitud borgiano, el torero sin tauromaquia que se apropia de todas las que le rodean, que absorbe estilos como una esponja absorbe el agua. Hoy en su primero se puso a favor de la corriente imperante, del mainstream, y fundamentó su labor en los consabidos principios: no te cruzarás, al toro lejos echarás, con el pico citarás y si el toro se mueve y se mueve, tú triunfarás. Decir que desaprovechó las condiciones del toro es de justicia, y decir que la gente, a medida que la faena avanza, se va desentendiendo de él es la verdad. Por eso es faena a menos. No por el toreo, que no ha existido, sino porque hasta los más indocumentados se dan cuenta de que el torero sólo pone en el ruedo humo de hojarasca, denso humo. Muy por debajo de las condiciones del toro. En su segundo, cambio total de registro. Inicio de rodillas frente al 6 rematado por  una espeluznante arrucina que golpea a la Plaza como un jab de Tyson. Con el torero algo acelerado prosigue la faena -en realidad no hay faena como tal, sino una sucesión de pases-, consiguiendo dos naturales y uno de pecho de los de verdad, ¡por fin! el torero se queda y aguanta el tipo. Luego, otro pase cambiado en medio de una serie y otra nueva algarabía de adrenalina y entre medias muchos pases dados de cualquier manera. Lo mejor de su labor fue el optar por salirse del adocenamiento de  los caminos trillados de todos los días, construir un trasteo cubista y conseguir meter el susto en el cuerpo del respetable. Mal a espadas, dio una clamorosa vuelta al ruedo.

Y Luque… ¡ay, Luque! ¿Hasta cuando me perseguirá el delicioso café a que fui invitado cierta tarde por su padre? Lo de Luque no tiene nombre. Con el velamen del buque escuela Juan Sebastián Elcano por capote, del capote de Luque salen tres de los de Curro Romero, hizo sus lances de fantasía. Luego, en los principios de la faena, el toro que viene a galope y completamente suelto se lleva al torero por delante, como si te pones en La Castellana cuando viene el 27 a toda mecha, y le pega una considerable paliza. Esto despierta a las gentes, que, desde ese momento, jalean el recital de destoreo, de vulgaridad y de ventajismo que ofrece Luque como si fuese la faena de Belmonte al Tallealto de Contreras. Es perfectamente descriptible la desilusión que produce ver a tu Plaza entregada a tal vulgaridad, tal falta de torería, a tal negación del toreo y comprobar cómo muchos a lo que vienen a los toros no es a ver torear, sino a ver cortar orejas. Con una estocada haciendo guardia y dos descabellos, se la dieron. Con un par y con la alevosa colaboración de don Trinidad, como se dijo más arriba.

Se lesionó de una mano el jabonero sexto y en su lugar echaron un castaño de Parladé, Mensajero, número 94. Este toro, en mi opinión, es el más completo de cuantos he visto en la Feria hasta el momento -no vi el de Fuente Ymbro y no puedo comparar-. Cumplió perfectamente en varas, empleándose con codicia y a punto de derribar, se queda encelado con el caballo y cuando lo sacan, se vuelve de nuevo a empujar al kevlar, para luego entrar de nuevo y volver a empujar. En banderillas es pronto y alegre, y en la muleta, pronto y repetidor. Y todo esto, además, con un puntito violento, no agresivo, para dar el aire de toro y no de mona. Ante este toro Luque no hizo nada: telonazos, pases de bandera, trapazos, la negación del toreo vendida desde la clase del toro. Ni un solo argumento mínimamente convincente, ni un solo pase que reseñar, siempre guarecido en las afueras, siempre jugando con la baraja de cartas marcadas. No se puede decir que fuese una faena a menos, porque no hubo faena, y a medida que el toro comenzó a exigir, la cosa se vino definitiva y estrepitosamente abajo. El toro, simplemente, se ha ido al otro mundo sin saber lo que es torear. Pésima la actuación de Luque en sus dos tardes.

Antonio Chacón estuvo sencillamente extraordinario con los palos.


 Toreo Moderno
¿Quién es? ¿Luque, el Importante, o Talavante, el Desatado?
 ¿Acaso El Fino, que pasaba por allí?

Toreo Moderno
Perder pasos

Toreo Moderno
"Encajado y enfibrado"

Toreo Moderno
Línea

Toreo Moderno
"La diestra acinturada"

Toreo Moderno
"Natural importante"

Toreo Moderno
"Derechazo desatado"

Tauromaquia moderna... ¡Qué asco!
(Grito de Andanada)

 Peine del Viento
Homenaje a Chillida
La estocada de la Feria