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sábado, 23 de mayo de 2015

La del Pilar. Pasarela Cibeles de los pololos

LOS TOROS VISTOS POR EL QUE PAGA

 La Andanada manzanera

José Ramón Márquez

¿Quién hará los carteles de Madrid? ¿Un humano o una máquina? A veces pensamos que los Choperón Father & Son. tienen un ordenador; no uno de estos modernos, sino uno como el de Kubrick, el HAL 9000, con el que pueden hablar, para evitarse el fastidio del teclado, y ése es el que combina lo que cobra mengano, lo que se lleva fulano, lo que le daremos al final de la temporada a zutano, el hambre que están pasando los toros del ganadero X y el jamón del periodista, y él es quien, al final, saca la combinación óptima de cara al negocio y a que salgan las cuentas. Debe ser que en el programa del ordenador se les olvidó poner el algoritmo del aficionado y por eso es que no encuentras a nadie que sea capaz de señalar en la larga Feria de San Isidro un cartel de los que se llaman “rematados”. Siempre hay algo que falta o que sobra y que en la lógica de la máquina inhumana que elabora las combinaciones tendrá una justificación orientada a que las cuentas que salgan sean las más positivas para la Empresa. Ya se sabe, y es algo conocido de manera pública, que éste de los toros es el único espectáculo concebido de espaldas a quien lo sufraga.

No nos cebaremos con la corrida del domingo que viene: David Galván, Víctor Barrio, López Simón con ganado de Las Ramblas, ante la cual casi no encuentras a nadie que confirme que va a asistir a ella, y quedémonos con la de hoy, la que por el arte de birlibirloque del algoritmo quedó compuesta con Padilla, Manzanares III y Perera con toros de El Pilar. Se ve que el papel que el procesador dio a Padilla en este cartel era el de rebajar su coste y romper Plaza por delante de los otros, porque no hay nada que justifique la presencia del patilludo Pirata en esta tarde trazada entre las tauromaquias mediterránea (los toros de Costich) y extremeña (el taurobolio de Mérida) representadas por Manzanares y Perera. Lo del ganado va por otra parte, que era cosa de los Fraile y ya se sabe que habiendo Frailes, línea don Moisés,  de por medio, todo es bueno para el convento, como dieron por óptimos a los del Pilar después de la que nos prepararon el año anterior. De aquél cartel que se las vio con la bazofia del Pilar 2014 sólo quedó para la del 2015 Manzanares III, que se ve que el hombre no tuvo bastante con aquellos y demandaba más. Todos queremos más, que dice la canción.

El buenazo de don Moisés mandó a Madrid seis dijes que deberían ser de lo más selecto de sus predios, de los que lo más reseñable fue su condición caediza y blanda. A resultas de esa condición repetimos lo del día anterior en cuanto al simulacro de la suerte de varas, transformada en una exhibición equina de pencos guateados, circunrodeando la Plaza en una especie de pasarela Cibeles de los pololos. En cuanto al comportamiento, hubo de todo: el primero tiró un derrote al burladero del 6 y le faltaron 15 centímetros para atinar en la madera, derrote de fundas, y sin embargo el sexto estrelló sus pitones en el mismo burladero y de él salieron como dos escobas, produciéndose el prodigio de que al entrar al choque con el peto de kevlar se cayeron al suelo dos especie de pitones de pega y, de pronto, la cuerna del animal apareció como impecable. Prodigios de Las Ventas. Por manifiesta endeblez del segundo fue enviado a la jurisdicción de don Ángel Zaragoza, excelente puntillero, siendo sustituido por uno de Charro de Llen que en nada desmereció de los Pilar. Por méritos propios es evidente que El Pilar repetirá en 2016.

Padilla tuvo el buen gusto de no banderillear a su segundo, cosa que se le agradece de veras. Sus trazas son las que de sobra se conocen y creo que no merece la pena demorarse en su capeo ni en su trasteo. Ya le queda menos para Pamplona, donde es un auténtico ídolo.

Manzanares III siempre nos hace recordar el fulgor de su presentación de novillero en Las Ventas y las hoy muy defraudadas esperanzas que entonces nos hizo concebir. Hoy se vino a cumplir su único ajuste en San Isidro, vestido con un impresionante terno negro y azabache, incluso el chaleco,  propio de un príncipe. Impecable presentación del torero en Madrid. Su primero fue el Charro de Llen, Lancito, número 26, con el que anduvo tirando líneas sin acabar de llegar al corazoncito del público. Como además lo mató mal, cosa rara en él, se fue al burladero sin pena ni gloria. Su segundo, Miralto, número 72, un chorreado de poco cuajo, ya era otra cosa porque daba cierta sensación de riesgo. El animalito era bondadoso y benéfico, pero como el torero no le daba ni la más mínima importancia dio la impresión al público más nervioso de que se le coló un par de veces al torero, cuando lo único que hizo fue acometer tontamente a una muleta o bulto que ni le mandaba ni le dirigía la embestida. Con ciertos altibajos fue Manzanares construyendo una faena en la que ni se cruzó una sola vez, ni toreó hacia adentro, ni cargó la suerte, ni bajó la mano; es que todo eso a él no le hace falta porque lo sustituye con la estética corporal que Dios le ha dado y, como el toro era repetidor, en seguida sonaron los famosos “¡Bieeennn!” que en el momento presente han sustituido al viejo ¡Ole”. Parece que por el izquierdo la cosa no tenía tanta enjundia y tras tratar de hacer algunos pases por esa mano, volvió Manza a la derecha para culminar su obra, obra de tono bastante menor, huelga decir, y llegar a la suerte suprema que ejecutó con gran velocidad, sin marcar tiempos, pero de forma certera. Un tío en el 3 sacó el pañuelo y después otro y más tarde otro y de pronto había una cierta petición que fue atendida y que desembocó en una fortísima división de opiniones. Una pobre oreja devaluada y nada de toreo salvo un impresionante capotazo, todo mando, enroscándose al toro en redondo en el saludo a su segundo, es la magra cosecha de Manzanares en este San Isidro.

Y Perera... Uff! Su primero no se tenía en pie y Perera fue capaz de hacerle una faena kilométrica; le dio mil y pico pases y consiguió que no se cayese, que no se desplomase, cuando el pobre animal no tenía otro fin en su vida que la caída y el desplome. No se sabe qué habría en la mente de Perera para estar tanto tiempo, para darle tantos pases a un animal al que no se le podían suponer más de tres sin verle tirado en el suelo cual colilla. Bueno, pues Perera le dio todos los que quiso en un ejercicio de prestidigitación muy del gusto del joven mago Jaime S., que se hallaba en la andanada. Cuando se hartó de hacer su prestigio, despenó al toro y allí no pasó nada. Más raro es lo de su segundo, porque se puso a hacer exactamente lo mismo que había hecho Manzanares en el suyo y allí nadie le tuvo en cuenta su labor. Para demostrar de manera patente lo arbitrarios que pueden llegar a ser los públicos, Perera ni se cruzó una sola vez, ni toreó hacia adentro, ni cargó la suerte, ni bajó la mano, lo mismo que el otro, y donde Manza encontró un camino de rosas alfombrado de ¡Bieeennn!, Perera encontró el más clamoroso desinterés y las palmas de esos cincuenta que siempre aplauden. Optó por cortar el trasteo, imagino que  para irse a meditar qué le había pasado.

En la pobre deriva de Las Ventas hoy hemos atravesado otra frontera: en un difícil par de banderillas, de gran exposición y dando las ventajas al toro, Curro Javier sólo clava un palo, desgraciadamente. El par merecía una buena resolución y su consiguiente ovación, pero si no has clavado no puedes salir a recoger las palmas. Recoges la banderilla del suelo y te tapas, por vergüenza torera.


La crítica Apple en contrabarrera

 Verde viento, verde rama
(Manzanita)

 Una oreja (sesenta minutejos) reineta para Manzanares

Fuesen, y no hubo nada