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jueves, 7 de mayo de 2015

Régimen

Gibraleón

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Diré lo de Lorca a la Gaceta Literaria: “Mi gitanismo es un tema literario y nada más”.

Mi andalucismo, aquí, será un tema periodístico y nada más.
Hay que ver qué perra ha cogido todo el mundo con el Régimen andaluz.
¡Hay que democratizar el Régimen andaluz!
Y no lo dicen unos lectores de “El Federalista” en la Biblioteca Benjamín Franklin, sino esos tíos de los partidos nuevos que van por la política como el zorrillo de la fábula, haciendo cantar al cuervo para que deje caer el queso.

El andaluz es un Antiguo Régimen pasado por la revolución a la francesa de la señorita Pepis, que es Alfonso Guerra, aunque él, entre croquetas de Casa Manolo con Fernando Abril, siempre se vio de abate Sieyès, aquel cura “jartible” de la Revolución Francesa.
En el Régimen andaluz conviven pacíficamente los tres estados, nobleza, clero y cantaores o pueblo llano, y esto, si usted estuvo en Sevilla antes de la Expo, cuando uno no sabía distinguir la espada de John Fulton de la navaja del sirlero, lo comprobará cruzando hoy, a solas o de la mano de una hispanista, en la medianoche, los Jardines de Murillo.

Soy de oreja y puedo decir que Sevilla es la única ciudad donde ninguna conversación es vulgar. Se baja la voz al hablar de política, y la primera queja en alto la vi ayer en un tuit de Manuel Melado (letrista de “Por la bahía”): “Susana, llevo más de 25 años vetado en Canal Sur TV, simplemente por escribir en clave de humor la ‘Sevillana a Juan Guerra’”. Porque un Régimen es un orden (ahí está el “Cuervo ingenuo” de Javier Krahe), no una situación política.
Pero los socialdemócratas de Barcelona quieren hacer de Andalucía, que es un país dramático, una Suecia, que es un país sin dramatismo (pero con la misma democracia: ninguna). O sea, pasar del toro de lidia a la vaca de leche.

Yo no sé si soy comunista –decía Belmonte en el 34–. Creo que todo está mal organizado y procuro ordenar las cosas a mi manera.

–¿Y si no?

Si no, volveré a torear.