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martes, 25 de octubre de 2011

¡Más papel!


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Esto de caer en la última aviva en uno la angustia periodística del papel: los periodistas de hoy creemos que, si se acaba el papel, nos vamos a recoger cartones.

El periodismo impreso tiene un ataque de ansiedad –opina el mejicano Juan Villoro, y, en vez de realzar sus recursos, imita los ajenos.

El resultado fatal es que, mientras los periódicos adelgazan, los periodistas engordamos.

Uno fue periodista flaco del papel (el folio) hasta que Internet (el sedentarismo unido a la falta de tabaco) me convirtió en otro coranvobis periodístico de la Red.

Villoro lleva razón cuando dice que el papel debería ofrecer lo que no funciona en la pantalla: textos larguísimos para gente que conoce la calma. “Literatura, digamos, sin qué ni para qué”, como recomendara Azorín para nuestra Tercera.

Por ejemplo:

Flota una nube, sí, sobre esta hoja de papel.

El universo entero, ya ven, estaría encerrado en esta hoja de papel sobre la cual flota una nube, si seguimos el hilo de Thich Nhat Hannh, poeta vietnamita y venerado maestro zen citado por Ullán, fascinado por el hecho de que sin nube no hay papel. Y sin sol (sin sol no hay árbol que crezca), tampoco. Y sin leñador (ni trigo ni pan que lo mantenga), nada de nada.

Conclusión zen de Ullán (y de cualquiera):

Si la nube regresa al mar, el rayo solar al sol o el leñador a su madre, adiós papel.

Por eso uno habla de “este papel” como los progres lo hacen de “este país”.

Mi país, desde luego, es el papel, último elemento de distinción de una civilización que, en nombre de la democracia, sodomiza a Gadafi (¡las urnas están para romperlas!) y, los días de toros, llama “asesino” a Chenel.

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