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sábado, 29 de octubre de 2011

Jobs


Ignacio Ruiz Quintano
Abc Cultural

De Ricardo Bada, un fandango (dedicado a Manuel Chaves Nogales) que viene al pelo:

Papanatismo español: / se hacen lenguas de Capote / y “A sangre fría”, mas no / recuerdan quién escribió / ¡¡¡en los 30!!! “Juan Belmonte”.

Al pelo de lo del santo (laico) Jobs en la prensa española, tan “Vida de Brian” ella, con sus mesías de sandalia y sus eremitas de enebro.

La vida es corta –dijo Jobs–. Aprovechémosla.

¿Y para qué dijo más?

Luego ha trascendido que el vendedor de ordenadores pudo ser más tonto de lo que podía suponerse.

Y además, no se duchaba.

Pero Jobs tampoco era Diógenes el cínico.

Tenía alma de “botiguer” fanatizado por la macrobiótica. ¿Macrobiótica? “Beth Ann y la macrobiótica” era un reportaje de Robert Christgau que Tom Wolfe incluyó en su antología del nuevo periodismo: trata de la muerte ¡en 1965! de una chica a manos de la dieta macrobiótica Zen nº 7.

(La macrobiótica, aclara el reportero, casi no tiene nada que ver con el zen. Su concepto fundamental, el yin y el yang, está tomado del taoísmo. Oshawa sostiene que todas las enfermedades físicas y espirituales del hombre moderno resultan de su excesivo consumo de yin, potasio, o de yang, sodio, pero básicamente de yin. El grano es el alimento esencial porque contiene la misma proporción cinco-uno de potasio-sodio que se da en la sangre sana. Quienes practican la dieta aumentan su consumo de yang y beben tan poco líquido, yin, como sea posible.)

Jobs optó por espantar al cangrejo con zumos de frutas.

Como Beth Ann y su novio Charlie, que un día gozoso tiraron a la basura el botiquín casero y transformaron su nevera vacía (“una hermosa Gibson Deluxe de 250 dólares”) en una obra de escultura pop, con conchas marinas en el compartimento para los huevos y accesorios artísticos y diversos objetos de fantasía que llenaban las repisas.

–… los ojos de Beth Ann se pusieron muy “sanpaku”, y expiró.

Yin y yang.

Apple y Windows.

Etcétera.