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domingo, 23 de octubre de 2016

Suna a las tres


Suna vino al mundo, que es la vida, por la ventanilla de un auto del que fue arrojada a la vía. De ahí su cojera de apuesta, si es coja o no es coja, con un renquear tan gracioso que la hacía, vista por detrás, un Charlot de domingo alejándose en la última toma. Tenía, sí, cojera de Quevedo y pluma (la cola) de Góngora (¡conceptismo de pata y culteranismo de rabo!), pero su diseñador, de haber tenido uno, hubiera sido Apollinaire, acusado de robar la Gioconda igual que Suna lo fue de robarme una cola de merluza rebozada. ¡Cubismo apollinairesco y sunero! Payaseo (mejor que paseo) humorístico el suyo, atronando al público con los redobles de su jubiloso ladrar. "Cuando el hombre ha querido imitar la marcha, ha creado la rueda, que no se parece en nada a la pierna". Nada había más contagioso que la alegría de Suna corriendo como con ruedas por aquel jardín encantado que fue su vida.

-Soyez indulgent quand vous nous comparez
à ceux qui furent la perfection de l'ordre