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jueves, 27 de octubre de 2016

Perspectivas

Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Anoche escuché decir a un señor que “no podemos perder la perspectiva” porque “nos” encontremos con alguna denuncia falsa interpuesta por mujeres contra sus parejas o ex-parejas  masculinas. Decía el hombre que las denuncias falsas de violencia de género suponen un cero coma cero no sé cuánto conforme a una estadística que a fuerza de años repetida ya se ha convertido en verdad.

        Uno, que es un mindundi que se gana el pan conociendo las  miserias de mucha “gente”; que ha palpado el infierno en el que viven muchas mujeres sin que ningún juez tenga conocimiento y que ha descubierto lo retorcida que puede llegar a ser el alma del género humano, tanto en su variante masculina como femenina, reconozco ante el hombre que ayer hablaba en la radio del coche que he perdido la perspectiva.

      La he perdido desde que empezó a preocuparme el fenómeno del suicido en España. Cuatro mil suicidas al año. Once cada día. Repito, ¡¡once cada día!! Y pásmense, el 80% son hombres. Tengo al suicidio como, posiblemente, uno de los mayores actos de libertad al que se llega por miedo,  depresión,  angustia, cobardía  y como creo que cada persona es un mundo, allá cada cual.
      Pierdo la perspectiva ante la violencia de género ¿? porque todas esas mujeres y hombres que viven subvencionados por defender el feminismo no mencionan para nada unas cifras que a mí, sin ir más lejos, me llama mucho la atención. 4.000 suicidios en 2014. Los del 2015 no se han publicado y como no se esté atento no nos enteraremos. No es intención mía, tengan en cuenta que no tengo título universitario y que lo poco que he aprendido me lo ha enseñado la calle y mis indisciplinadas lecturas, montar ningún tipo de polémica, pero antier un López de Granada, al que conocí, se ahorcó porque la novia le denunció por cosas que le dijo por el guasá ése.  Este septiembre a un casi quinto mío de la Demanda lo encontraron a la semana de desaparecer en el fondo de un barranco hecho un amasijo con su propio coche. Mi paisano estaba en disputa con su señora por la custodia de los hijos.  No se me tomará por loco si apuesto a que cada dos o tres días uno de los suicidas masculinos llega a tan drástica solución agobiado (maltrato psicológico, ¿no?) por diferencias con su pareja.
      
Si algún o alguna feminista llega a ver estas letras, sé que me clasificará como machista y es posible que hasta fascista del mismo modo que cuando hacen el censo de víctimas asesinadas por los cafres del machismo, cuentan como españoles el rumano que mata a “su” rumana, al chileno a su esposa chilena, al paraguayo, al argelino, al colombiano, al argentino... Les invito a que en el censo de este año, cuarenta asesinadas, entre las que hay unas pocas dudosas por si los octogenarios casi dementes pactan su muerte o si alguno de los crímenes no es como sospecha el feminismo, contabilicen los españoles asesinos de mujeres. Para evitar sorpresas es mejor que no lo hagan porque, como les he dicho,  tengo perdida la perspectiva.