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lunes, 24 de octubre de 2016

Desdémona vuelve a Mestalla

Desdémona culé

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Se lo avisó Guardiola a los periodistas ingleses que venían de descubrir a Guardiola en un saco de goles (4-0) en Barcelona contra el City (no confundir con la City que quiere traer a la Castellana Cristina Cifuentes, Cecé, que cree que la City de Londres es el palco del Madrid).
    
Tío, tío, he ganado veintiún títulos, tío, en siete temporadas con este estilo, lo siento, tío, no voy a cambiar mi estilo, tío, antes vuelvo a España.
    
Para el Buffon de Sampedor (Buffon el conde, no el portero), el estilo es el hombre, y su estilo de hombre volvió el sábado a Mestalla en busca de una botella para desmayarse vestido de Desdémona.
    
Esto de las Desdémonas viene de un artículo en “The Wall Street Journal”… ¡por mayo de 2011! “Que por mayo era, por mayo, / cuando hace la calor, / cuando los trigos encañan / y están los campos en flor”, canta el prisionero del romance que ni sabía cuándo era de día, ni cuándo las noches eran, sino por una avecilla que le cantaba el albor y que matósela un ballestero (“dele Dios mal galardón”).
    
“The World’s Greatest Whiners”, se titulaba aquel artículo, y en él se alertaba del daño a la reputación del Barça que podría causarle… el estilo en el comportamiento de sus jugadores, en tres modalidades: 1) Lloriqueos y petulancias propios de un niño pequeño 2) Apelaciones constantes a un Dios justo que proteja de la persecución arbitral 3) Tendencia a reaccionar ante cualquier contacto con los jugadores rivales con un retorcimiento de Desdémona en su lecho de muerte en el acto final de “Otelo”, de Verdi.

    Por ejemplo, Alves ante la no patada de Pepe y la expulsión decretada por Wolfgang Stark en semifinales de Copa de Europa. Sí, tío, tío, yo creo que Alves, tío, ha sido la mejor Desdémona, lo siento, tío. Y de aquel “Otelo” representado en 2011 el Bernabéu sale la escena del botellazo del sábado en Mestalla, con media docena de jugadores culés, un coro griego, arrojándose como las avecillas del prisionero del romance contra las escopetas para irse a la lona a esperar el conteo arbitral, como hacen los boxeadores pobres en los tongos. Fue lo mejor del espectáculo.

    El espectáculo del fútbol actual (¡la socialdemocracia balompédica, donde la posesión hace las veces de consenso!) se basa en el fingimiento. Como futbolistas, fingir que defendemos (defensa en zona), y como público, fingir que nos divertimos. Pero el tiquitaca es al fútbol lo que el “pressing-catch” es al boxeo. “Un continuo entrenamiento para Messi”, como tiene dicho desde el principio Pepe Campos, que lo ve con ojos de profesor desde Taiwán. ¡El siglo de Messi! ¿Sólo el siglo? Ponga mejor el milenio. Y toda la propaganda se vuelca en apoyo de lo falso.

    La ruidajera mediática acusaba el otro día a Mourinho de enemistarse con las empresas de estadísticas que le arrojaban a la cara su porcentaje de posesión (35) ante el Liverpool.

    –El Liverpool supuestamente tuvo el 65 por 100 de la posesión y sólo hizo dos disparos a puerta –contestó el portugués–. Es su problema, no el nuestro.
    
Había sido un partido espantoso. Uno, el Liverpool, no quería, y otro, el United, tampoco se dejaba. Y en semejante tesitura lo que cuenta, por lo visto, es la posesión, una peste que no tiene otra solución que su limitación reglamentaria, como en el baloncesto. ¡Bienvenido sea el espectáculo de las Desdémonas en Mestalla!


TRUCO O TRATO

    Ronaldo (el auténtico) nos ha regalado la revelación Halloween del año con su “charla o multa”, que viene a ser el “truco o trato” (“trick-or-treat”) de la fiesta de las calabazas. Ronaldo llegó dos veces tarde al entrenamiento en una semana: “La primera vez, Sacchi vino a echarme la bronca, de unos quince minutos, y me multó. La segunda vez, antes de que empezara a hablar, le dije que la charla o la multa”. Por cierto, que del discípulo más aplicado de Sacchi, Fabio Capello, Ronaldo, que, además de jugar los juegos de los niños, dice, como los niños, las verdades, tiene una impresión definitiva: “No era muy listo.” Truco o trato. Charla (o chapa) o multa. Vale para cualquier guardia.