Follow by Email

sábado, 29 de octubre de 2016

A falta de fútbol, añoranzas

 Un  Valladolid con Pepín, el hermano del Litri
Hoy venía Santos representando a la institución
 De pie: Santos, Gail, Moré, Richard, Gilberto y Fenoy
Agachados: José Calzado "Pepín", Sánchez Valles, Jorge, Joaquín y Rusky

Victoriano Sánchez Arminio en día infernal en Córdoba
 hablando del gol al Baracaldo

Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Cuando llegué a Córdoba -1988- el equipo jugaba en 2ª B  en El Arcángel viejo. Venía de Pamplona, donde fui abonado de Osasuna, y como nunca me han gustado las infidelidades por no haber estado educado en ellas, tanto al Sadar como al viejo Arcángel no los tuve como domicilio propio sino como acogedores y entrañables hoteles, pues el hogar de uno siempre será El Plantío. Incluso ahora que mi Burgos está con tres puntos en medio de un cataclismo que le aboca a tercera división, estoy incapacitado de mudar los quereres.

      Al nuevo Arcángel, después de 29 años, ya lo siento un poco propio, aunque no sea ni parecido a mi santuario burgalés. Ni asomo de indignaciones tales como aquella tarde del gol de Viteri escupido por una de  las barras que soportaba las porterías  ante el Baracaldo y que Sánchez Arminio no vio. Éste recuerda, creo que gratamente, aquéllas peripecias y hasta mantiene  con paga del Colegio de Árbitros al linier con el que compartió aventuras. Me contó que tardó cinco horas en salir de El Plantío escoltado por la Guardia Civil hasta Sotopalacios. ¿Qué decir del penalty que nos pitaron jugando contra el Madrid y que de un transistorazo retiró al Butanino de radiar desde los banquillos?
     Reconozco que también en El Nuevo Arcángel  me he emocionado dos o tres veces, pero hay una que no se me olvidará jamás. Fue ante el Valladolid hace diez años. El Córdoba perdió 2-3 y descendió a 2ªB. El entrenador pucelano Marcos Alonso quedó impresionado, como un servidor, por la ovación (más de diez minutos) del público puesto en pie a un equipo derrotado y descendido que más parecía Pavarotti en pleno triunfo  que una quincena de futbolistas llorando como Magdalenas. Aquel equipo mereció mejor recompensa en el último tercio de Liga, pero en ese momento crepuscular y heroico parecíamos asistir al sacrificio de un Leónidas sin desfiladero. ¡Qué liga aquélla, con un equipo fichado en verano y otro en Navidad ! El portero Saja juega aún en el Gimnástico de Tarragona y amenaza descender con los catalanes como lo hizo con el Rayo y con el Córdoba. ¡Qué gol le colaron hace quince años mientras miraba las musarañas!

     Esta noche ha vuelto el Valladolid en otras circunstancias y el periodismo especulaba con dos futbolistas despedidos en Pucela, Alfaro y Rodri, goleadores sobrevenidos por esta tierra que no vieron puerta en Valladolid el año pasado, y con Raúl de Tomás, ese chico que imita en todo a Cristiano Ronaldo, menos en lo futbolístico,  y que la anterior temporada se pedía tirar los penaltys con la camiseta blanquiverde. A mí, antes del partido, me llamaban más la atención Álex López y Míchel por los visitantes, y Guille Donoso por los locales, pero el partido ha sido plano. Con dos o tres ocasiones y un gol por equipo y el miserable reparto de puntos al que el entrenador Oltra es tan aficionado. Por el Valladolid, bien Míchel, el mejor y más inteligente del once del entrenador Paco Herrera, autor de un gol regalado por nuestro lateral Caro que minutos antes había rematado sin querer y con la barriga un balón despistado en el área. Álex López es muy tramposo. Toca y se hace el exquisito, pero cuando la pierde se para, mira y no baja, con una disposición inadmisible en 2ª. Tiene el Valladolid tan buen centro del campo como el Levante, pero como dice el bolero falta alma corazón y vida.

     En fin, vuelvo a casa con Pepín, aquel greñudo lateral cordobés que jugó a orillas del Pisuerga y hablo con él de fútbol antiguo, por lo que no entro en detalles de la plantilla blanquivioleta por haberme excedido con recuerdos, entiendo que más interesantes que el partido de hoy. 1-1 creo que justo y un partido del que no creo que vuelva a acordarme.