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viernes, 1 de mayo de 2015

Cruces

 Cruz de toda la vida en El Alpargate

Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Llega mayo y Córdoba revive. La ciudad se engalana para una fiesta mayor que dura más de treinta días. Las cordobesas, guapas con avaricia, aguantan la envidia forastera de su sexo y lucen reventonas entre un bullicio de flores inimaginable, y es que tengo para mí que esta hermosura de la mujer cordobesa es fenómeno que sólo puede deberse al culto que las madres rinden a mayo. No se sabe quién parió a quién. Si Córdoba a mayo o mayo a Córdoba. Lo que es seguro que no se comprende mayo si no se ha estado en Córdoba en al menos uno de los tres felices acontecimientos que se producen en el mes: Cruces, Patios y Feria.
    
Estamos en las cruces. Las cofradías montan una cruz de flores y a su lado una barra como de caseta de feria en las que se vende vino, cerveza y raciones. Las cofradías de espíritu más fenicio dejaron hacer a los jóvenes y estos llenaron sus cruces con muchedumbres de su edad porque disfrazaron el botellón con jarras de rebujito  -vino con seven-up-, y vasos de cerveza de a litro en los que abreva convulsivamente el gremio de los estudiantes.
     
Las cruces son un exceso de alcohol y personal, pero no se registran incidentes mayores porque todo el mundo acude predispuesto a divertirse con buenos sentimientos. Mayo viene siempre generoso a Córdoba y no es cosa de hacerle feos de buenas a primeras, por muy borracho que se esté.


 Cruz del Bailío

 Barra del Bailío

 Cruz de Manolete

Ambiente en Santa Marina