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miércoles, 6 de mayo de 2015

Clases

Don Juan

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Hace mucho que los sindicatos de clase (¡la clase obrera!) se quedaron sin clase, pero el Estado los conserva (sindicalismo vertical) como se conserva un arenque.

    Tres clases hay en la sociedad contribuyente: la que va en coche, la que va en moto y la que (siempre con mochila a la espalda, que es la jiba del ciclista) va en bicicleta.

    El automovilista tiene hoy la mala prensa del rico y del boxeador, que muchas veces, tal como va el mundo, viene a ser lo mismo.

    Rosa Belmonte recogía el otro día la recomendación sobre boxeo del libro de estilo, ese gay trinar socialdemócrata, del diario gubernamental: “El periódico no publica información sobre la competición boxística, salvo las que den cuenta de accidentes sufridos por los púgiles o reflejen el sórdido mundo de esta actividad”. Con el automovilista comienza a pasar lo mismo, y ya sólo sale en los papeles porque se mata o porque lo pillan contando dinero, como en su día se dijo de don Pepiño, o ahora del señor Rus.
    
El motorista, por su parte, es una clase media venida a menos. Aquella clase media que iba unida al concepto de nación es ahora una mandrilidad en traje de pedo libre para pedorrear por las aceras.

    El ciclista representa a la clase moralmente adulada, como corresponde al pobre. Desde que la socialdemocracia desplazó (también) a la religión, ir a misa, que era bueno para el alma, se ha convertido en ir en bici, que es bueno para el cuerpo. Lo suyo es una prisa boba. ¿Por qué hacer diez minutos antes lo que se puede hacer diez minutos después?

    Es verdad que el hijo de Darwin presumía de un padre capaz de saber diferenciar entre “un cuarto de hora” y “diez minutos”, pero tampoco sé yo cuántos ciclistas se sentirán familiarizados con el origen de las especies.

    En cuanto a la mochila, será que, así como la vieja beata creía cargar a la espalda con los pecados del mundo, el ciclista cree cargar con todos nuestros derechos, y de ahí su superioridad moral al pedalear.