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lunes, 30 de mayo de 2011

Tú no, princesa; tú no

-Fue criada para triunfar. De chiquita, su madre se quitaba el huevo frito del plato –si hacía falta– para dárselo a ella, porque la niña era una promesa de la que colgaba toda la familia. No la dejaban siquiera fregar, para que sus manos no fueran a cuartearse o endurecerse con el estropajo y el hollín. Cuando le peinaba el ensortijado pelo, su hermana mayor le predecía que una vez se casaría con un francés, un español o un belga, con alguien de la “nobleza” monárquica o empresarial. “¡Todos van a enamorarse de ti!” gritaba la abuela, a quien por lavar y planchar para la calle, durante medio siglo, se le habían torcido los dedos con la artritis. Ni siquiera la dejaban tener novio en el vecindario, pues ella debía preservarse para el futuro que le esperaba, para el potentado que vendría a llevársela de aquel atestado solar en la calle Zanja y de aquel país varado en el Caribe...

En Generación Y