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domingo, 22 de mayo de 2011

La hermosa historia del circo de Sol


Jorge Bustos

Había una vez un circo que alegraba el corazón de chicos y mayores. No era el Circo del Sol sino el circo de Sol, aunque también acusaba la influencia francesa de una lejana primavera parisina que convirtió a sediciosos pijoprogres de prêt-à-porter en bien remunerados conferenciantes. Los hijos españoles de dicha generación crecieron en la era del pelotazo pimpante, famoso globo inmobiliario donde el banco ponía la goma y los clientes los entusiastas soplidos, auspiciados todos por el mandato bíblico de socialistas y populares: gastad y multiplicaos, y henchid España. Era un bonito país y podía uno cambiar de coche cada dos años y una de bolso cada semana. Pero los globos se pinchan, del mismo modo que volverán a remendarse, y entretanto se retejían los papás se fueron al paro y los hijos, que acababan de terminar la carrera, apenas tuvieron ocasión de pararse antes de echar a andar: las empresas les preguntaban por la experiencia y claro, qué experiencia iban a tener. Los pocos que misericordiosamente eran aceptados pasaban a engrosar la nómina del ERE a la primera reestructuración forzada por la caída del consumo, y era lógico que así fuera, porque resultaban menos competentes que sus mayores y más baratos de echar también...

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