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lunes, 30 de mayo de 2011

Las Ventas. La tarde de los Samueles. Mansos, pero divertidos

Último domingo de mayo

José Ramón Márquez

El mismo día que llega la noticia de un accidente automovilístico en el que la vida de José Ortega Cano pende de un hilo, hay toros de Samuel Flores en Madrid, y viene en seguida el recuerdo de aquella inolvidable corrida de Beneficencia de 1991, mano a mano entre César Rincón y Ortega con toros de Samuel Flores, con aquel Rincón embalado en el año de su explosión en Madrid y con un solo torero que tuvo los arrestos para ponerse enfrente de él. Tarde extraordinaria aquélla, con los toreros y el ganadero a hombros, en la que hubo más toreo y más verdad que lo que ha habido en todo lo que llevamos de feria, que por más oreja que le echen al guiso, huele que apesta.

Hoy hubo, para empezar, toros de lidia. Cualquiera se daría cuenta de que la mayoría de los de hoy fueron bastante mansos, pero eso ni es nada malo, ni mucho menos va en contra de la tauromaquia, porque eso son los toros. “Desgraciadamente la temporada ha sido escasa de buenas reses, pues apenas puede decirse que haya salido a la arena algún toro de punta...”, dice El clamor público el día 13 de julio de 1852. No lo busqué, lo tomé al azar, porque las páginas de La Lidia, El Toreo, Toros y Toreros o El Ruedo están llenas de eso. Lo que no es normal, nunca lo ha sido ni debería serlo ahora, son los travestis esos que por fuera parecen un toro y por dentro son una babosa que nada más que sabe embestir de forma bobalicona, ¡vaya latazo! De esa interesada confusión sobre los toros culpo yo sobre todo a los de la TV, que han engañado muchísimo al público poco avisado, porque como el espectáculo de los toros en la TV es tan aburridísimo, sólo se sostiene a base de retransmitir las faenillas que les hacen a los toros bobos; los toros que no se ajustan a ese patrón, apenas sirven más que como excusa para enlazar topicazos y lugares comunes, otra de las grandes misiones de la TV.

Me gustó la corrida de Samuel del año pasado y por eso ésta es también de las que había marcado como interesante. La corrida ha salido, como se dijo antes, bastante mansa, con su casta, y con unas cabezas de ésas que las ven los toreros exquisitos y les da un soponcio. A uno que blandeó un poco le sacaron el pañuelo verde con una rapidez que si llegan a hacer lo mismo el día de Parlade/juampedritis, en un pispás ponen a aquellas seis cucarachas a disposición de Florito y de la implacable puntilla en los corrales, pero aquel día el juicio del usía era más laxo, vaya usted a saber por qué.

En general los toros fueron serios y badanudos, quizás con algo menos peso que en otras comparecencias, pero metiendo miedo, que es la primera misión del toro de lidia. Fueron lidiados y picados de pena, por lo que nos quedamos sin saber qué habría pasado con ellos si hubiesen tenido una lidia ordenada. En su descargo diremos que los toros dejaron estar y no tenían añadidas a las circunstancias de su mansedumbre otras relacionadas con las malas intenciones. El tercer toro, Garzachico, número 14, fue el mejor del encierro.

Se anunciaban hoy Juan José Padilla, Antonio Ferrera y César Jiménez. Dos banderilleros y otro, porque deben ser tres.

Padilla, el Ciclón de Jerez, hoy no llegó ni al leve céfiro, y del lascivo vuelo y las frescas alas del tal céfiro nos quedamos con lo de la frescura, de fresco, y el desahogo, de desahogado, con que Padilla anduvo por Las Ventas, que parecía sonado como si viniese de pelear con Petia Petrov. Echó a los peones por delante para que le aparcasen convenientemente los dos toros en banderillas, estuvo apoyado en la barrera de conversación o metido en su mundo interior olvidándose de su papel de director de la lidia, a su primero no lo quiso ni ver, y a su segundo, tampoco. Estaba deseando largarse y abrevió lo que pudo. Ni siquiera mató bien y eso que suele ser un torero bastante certero. Aún no sabemos a qué vino.

Antonio Ferrera puso un gran par de banderillas a su segundo. Lo citó en corto al hilo de las tablas en el 9, le hizo un quiebro, saliendo por los adentros, al volverse el toro le hizo otro y le clavó en la cara, salió andando dejando al bicho parado y confundido y todo eso en un palmo de terreno, terreno muy comprometido, y sin la artera ayuda de ningún capote desde el callejón. Valga la emoción de un gran par de banderillas para enjugar el camión de vulgaridad que trajo a Madrid donde, desde la faena del Carriquiri del año 2002, no ha vuelto a decir ni mú. Aquél día Ferrera mostró en Madrid, ante un toro muy encastado y fuerte, el toreo puro, el de adelantar la muleta y rematar el muletazo atrás, quedándose colocado. Eso ahora ya no lo hace. Peor para él.

Me acuerdo cuando César Jiménez estaba rodeando a Madrid. Por todas partes César Jiménez, no se hablaba de otra cosa, pero no venía a Madrid. Nos fuimos a verle a Aranjuez por San Fernando. Toreaba con Ponce y con Rincón, y nos caímos del guindo: ya sabíamos por qué no venía a Madrid. En esa época, época ‘poncera’, su modelo era el de Chiva. Luego siguió su carrera y tuvo una época ‘pepista’ influído por Pepito Arroyo. En esa segunda época se granjeó el nombre de ‘el muñeco de la tarta’. Imitaba el impostado desmayo de Arroyo con idéntica impostación que el original. Era un Pepe Arroyo fabricado en Hong Kong, réplica perfecta. Luego vino su época ‘julianista’, que es en la que se encuentra ahora, y si detestamos al original, con todo lo poderoso que dicen que es, pues a la copia ni te cuento. Dejó ir al toro más completo de la tarde, Garzachico, y se conformó con espigar unos aplausillos donde debería haber habido un triunfo serio.

Hoy el oro también voló sobre las tablas. Acosado Padilla a la salida de un par tomó el olivo para huir y después para volver al ruedo. Le parecerá bonito. Su ejemplo lo siguieron Carlos Casanova y otro que, por fiarme de la memoria no anoté y por ello no figura aquí su nombre.


El parte de Abella

Rompiendo filas

Bodegón

Dos banderilleros en el redondel
Padilla y Ferrera

Lo de Padilla parecía una mudanza:
banderillas, muleta...

El toro, otra vez, se cargó el burladero de Abella