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miércoles, 21 de julio de 2010

Pero ...¿qué se pensaba Peñato?



José Ramón Márquez


Vaya, vaya, con la Mesa del Toro, que son como el Rey Midas, pero al revés, que todo lo que tocan lo dejan como estaba. Ahora sale el Martín Peñato con que no entiende al tío ese de Cataluña que dice que van a dar libertad de voto a los sociatas para que, al menos por una vez, voten en conciencia. ¡Ah! ¡La Libertad! Lo que hemos tenido que pelear durante los dos siglos pasados en nombre de tan sacrosanto concepto y ahora lo tenemos ahí, por fin, sustanciado en la libertad para que los diputados autonómicos de Cataluña decidan en su conciencia y albedrío si dan al botoncito del ‘sí’, al del ‘no’ o al de ‘no sabe, no contesta’; lucecitas de colores como las que ponen en el palco presidencial en las corridas nocturnas. Y Peñato, el hombre, con el pie cambiado y sin saber bien qué es lo que ocurre.

Ahora para el atento observador queda lo que se dice en pelotas el rollo éste de coger a unos cuantos, que en este caso eran parlamentarios autonómicos catalanes, y llevarlos por las dehesas, subirlos al Land Rover, pasearlos por las fincas y luego cebarlos con las rodajitas de chorizo, con el jamón de la casa y con un gazpacho. Los pobres creían que estos indómitos luchadores por la libertad eran de la misma pasta que los de la asociación El Toro o los de la Comisión Taurina de Cenicientos -el pueblo que no tiene una calle dedicada a Larra, pero sí a Moncholi-, que les suben al tractor y les pasean para que vean a los utreros, la corrida de Madrid, la de Zaragoza, la novillada de Ceret... y los hombres, todo agradecimiento y buena afición, lo aprecian un montón y, además, lo pasan bomba. Pero los indómitos parlamentarios autonómicos catalanes, con el espíritu de la primera internacional fluyendo por sus venas, se le han comido los lomos embuchados, se le han bebido el vinillo y ahora dan libertad para que cada cual vote en conciencia, con arreglo a lo que dicte su sacrosanto albedrío.

Y los que vemos esta tragicomedia desde afuera, sin apasionamiento, como un guiñol mil veces visto cuyo desenlace sabemos desde que se descorrió el teloncillo, sabemos que el libérrimo albedrío de los parlamentarios autonómicos catalanes, rama sociata, llevará sus dedos limpios y soberanos a pulsar el botoncito que dice ‘NO’, porque la libertad se sustancia en el derecho a decir ‘no’. ¿Qué se pensaba Peñato?