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domingo, 18 de octubre de 2009

CONVERSACIÓN CON JOSÉ ORTEGA Y GASSET, 1948

Madrid, 9 de Mayo de 1883 - 18 de Octubre de 1955



Por Armando Chávez Camacho

Misión de Prensa en España, 1948

SAN SEBASTIÁN

Había caído en nuestras manos, de casualidad, una semblanza reciente del filósofo. Leyéndola, fue refrescándose en nuestra memoria su destacada personalidad.

Hijo del periodista y literato don José Ortega Munilla y nieto del fundador de El Imparcial de Madrid, en Ortega y Gasset maduraron los frutos del árbol genealógico.

Cursó su primera enseñanza en la capital española y después ingresó en el internado de los jesuitas en Málaga. A los quince años, en Salamanca, obtiene tres "sobresalientes", otorgándole Unamuno, de su puño y letra, el de lengua griega.

Sus exámenes de Filosofía y Letras -él, tan conocido como filósofo- ya no fueron tan brillantes.

Después de doctorarse, su inquietud cultural lo desplaza hacia Alemania, y es a su regreso cuando sostiene ruidosa polémica con Ramiro de Maeztu.

Catedrático de Metafísica de la Universidad Central a los veintisiete años, se convierte pronto en la figura más señera y representativa de la intelectualidad española.

La Revista de Occidente es su tribuna, y sucesivamente van apareciendo numerosos libros debidos a su pluma.
No hace mucho ocupó de nuevo su cátedra en el Ateneo de Madrid y fue entonces, al dictar una conferencia, cuando dijo: "Hay que inventar nuevas formas de vida, en que el pasado desemboque en el futuro con originalidad, CON ESA COSA SIN LA CUAL NO SE PUEDE NI TOREAR NI HACER HISTORIA: CON GARBO".



José Vasconcelos
Éste es el hombre a quien Vasconcelos, con una de esas frases tan suyas, le llamó "modisto de la filosofía".

Guipúzcoa y el Nacional-Sindicalismo

Se nos había dicho que Ortega y Gasset no quería hablar con nadie, de nada, pero menos aún de política.

Quien trajo a nosotros el aviso de que el filósofo estaba en San Sebastián insistió en aquello y agregó lo ocurrido ese mismo día: un periodista estapañol telefoneó a Ortega pidiéndole una entrevista; la negó; preguntóle entonces si deseaba decir alguna cosa, cualquiera, aún por teléfono nomás; y que su contestación fue así:

-No quiero hablar. Porque si digo, simplemente, que es muy hermoso el campo de Guipúzcoa, puede interpretarse como la afirmación de que considero muy hermoso el Nacional-Sindicalismo.
Y colgó el aparato.

En Villa Furu

Con tales antecedentes nos dirigimos en un taxi a Ategorrieta, sobre la carretera de Irún. Allí
está la Villa Furu, propiedad de un sueco, alquilada por Ortega para su estancia.
El filósofo se halla ausente. Por puro hábito dejamos recado, y al rato era el propio Ortega y Gasset quien nos telefoneaba al hotel y aceptaba platicar, pero no de política, según aclaró.
Un mozo nos pasa a la biblioteca -que Ortega trajo desde Portugal para su labor- y mientras el escritor baja de la planta alta, curioseamos los libros. Obras de Ibsen, oratoria de Cicerón; Goethe, Hartmann y muchos nombres alemanes.
Instantes después tenemos ante nosotros a un hombre pequeño de cuerpo, entrado en años, de movimientos rápidos y ojos vivos. Es don José Ortega y Gasset. Nos saluda cordialmente y nos ofrece asiento.

Empezamos la charla con una pregunta inocente:

-¿Qué está escribiendo ahora, maestro?

Viene la respuesta inmediata y ágil:

-Ahora es cuando voy a empezar a escribir. Habrá visto usted por allí la tercera edición de mis obras completas, que acaba de aparecer. Eso no lo hice yo, sino mi hijo. Y en represalia contra él, me voy a lanzar a escribir. Pero lo haré con pseudónimo.
Toda la contestación nos había causado sorpresa, pero sobre todo la última parte.

-¿Con cuál pseudónimo? -inquirimos.

-Voy a firmar Mississippi, porque voy a producir como un torrente. Toda mi obra ha sido irremediablemente circunstancial. Y ya quiero que deje de serlo. Para ser fiel a mi vocación me desentenderé de cátedras, relaciones, etc., y me entregaré a mi tarea.

-En el mundo -siguió diciendo- hay dos cosas: inspiración y administración. Yo me dedicaré a la primera y a ver quién se encarga de la segunda.

Y agregó:





Gottfried Wilhelm Freiherr von Leibnitz
-Lo primero que voy a lanzar va a ser un tomo de seiscientas páginas sobre Leibnitz. Luego publicaré algo, en que ya estoy trabajando, sobre la Universidad. Porque pienso que ya no puede subsistir el viejo concepto de Universidad, y estoy elaborando uno nuevo.

Hablaba con soltura y facilidad. Como no tomábamos notas -temerosos de que si lo hacíamos se cortara la entrevista-, aparentábamos mirar lo que a la vista teníamos de la Villa Furu, cómoda pero suntuosa, y escuchábamos con sumo cuidado y atención.
No era aquél un diálogo, sino un monólogo. Soltábamos apenas las preguntas -planeadas, dirigidas, apuntadas- y el filósofo las recogía y contestaba en el acto con viveza y brillantez.

El mundo, oscuridad y pelea

Fumando, fumando siempre, Ortega hablaba. A veces se interrumpía a sí mismo con grandes carcajadas. Una de las más sonoras estalló al contestar esta interrogación:

-¿Cómo mira al mundo, maestro?

-Hace tiempo hubo en Madrid una exposición de pintura. El cuadro que más me llamó la atención no presentaba ninguna figura. Era una pura mancha negra que cubría todo el lienzo. La leyenda decía: lucha de negros en un túnel. Ésa es la situación del mundo en el momento actual: una lucha de negros en un túnel.

Un fenómeno monstruoso

Nos palmea una rodilla en demostración de confianza y todavía está resonando su risa, ya nos está diciendo:

-El filósofo, el pensador, siempre va adelante avizorando el panorama del futuro. Como sus contemporáneos no miran lo que él mira, lo interpretan mal. Pero eso no extraña ni desalienta al filósofo por vocación. Una vez advertí la próxima presencia de un fenómeno monstruoso: que los extranjeros pretenderían intervenir en un país sin saber nada de él, ni del suyo propio.
Ortega y Gasset aclara que no se refiere a España, aunque reconoce que el de España es un caso.

Y agrega:

-¿Con qué títulos intenta inmiscuirse en otra nación un inglés de Londres que no sabe ni lo que ocurre en Liverpool?

Continúa:

-En Inglaterra hay gran confusión mental en sus cabezas pensadoras. Como la hubo en Alemania y por eso llegó hasta donde ha llegado.

Unidad europea

Ahora nos está hablando, con calor y entusiasmo, de la unidad europea que percibe en el horizonte.

-Vendrá la unidad europea, no tenga usted la menor duda -afirma.

-¿Qué forma podrá asumir? -interrogamos.

-La forma jurídica no interesa. Porque la unidad europea será económica, por lo pronto.
Si me quedo, me matan

Exponemos al maestro nuestra ignorancia respecto de su experiencia personal durante la guerra civil española.

-Estaba yo en Madrid, enfermo de gravedad -declara-. Unos amigos lograron sacarme por Alicante hacia Francia.

-¿Y cómo lo dejaron ir los rojos? -preguntamos.

-No lo pudieron evitar, porque se enteraron cuando ya no tenía remedio. Si no, los rojos me matan... o me matan los blancos. Aún no sé quiénes me hubieran matado, pero de lo que estoy seguro es de que, si me quedo, me matan.

España

Más o menos enfocada la plática hacia temas españoles, preguntamos a Ortega y Gasset si lo molesta el Gobierno de España.

-No me molesta para nada, ni se mete conmigo -contesta-. Pero yo vivo en Lisboa, de donde me dezplazo a San Sebastián en esta temporada porque es cuando pueden venir acá mis familiares para reunirnos.

Deriva la conversación rumbo a la economía y la alimentación en España. Así:

-¿Ha visto usted en qué forma se come en España?

Es el filósofo quien pregunta y es el filósofo quien contesta:

-Se come aquí que asusta.

Estalla otra de sus risas ruidosas, nos toca -con más confianza todavía- una pierna, y explica:

-Siglos enteros se pasaron los españoles sin comer. De modo que ahora que tienen qué comer, se hartan.

Nueva explicación suya, más general, sazonada con sus comparaciones habituales:

-El español es de piso bajo. ¿Ha visto usted esos santos que son pura peana?

No nos da tiempo para externar nuestra negativa:

-Así es la economía de España. Por eso nunca se acaba de caer. La economía inglesa, en cambio, ¡qué exquisita! Pero la más pequeña falla en su complicada maquinaria se traduce en una tremenda crisis. Como ésta que pasa ahora Inglaterra y que la llevará quién sabe hasta dónde.

México

Somos nosotros quienes conducimos ahora la plática hacia México.

-¿Cuándo piensa ir a México, maestro?

-Quiero ir el año próximo a su país. He recibido varias invitaciones en diversas épocas. Una vez debía ir a La Habana y proyectaba llegar hasta México. Pero Gregorio Marañón me asustó diciéndome que debido al calor sólo pudo aguantar cinco días en La Habana. Me habló también de la altura de México, pero eso no me preocupa, porque no padezco del corazón.

Alude a su buena salud. En efecto, parece tenerla, y la muestra.


Alfonso Reyes en Lisboa

-¿Tiene amigos en México? -interrogamos.

-Tenía -contesta-. Como Alfonso Reyes.

-Pues ¿qué le ha hecho Alfonso Reyes, maestro?

-Nada concreto ni personal. Pero ha hecho tal porción de tonterías...

-¿Como cuáles, maestro?

Un ademán de disgusto y desprecio es rubricado con estas palabras:

-Gestecillos de aldea.

No pudo recordar don José Ortega y Gasset a ninguno otro de los amigos que afirmaba tener en México.

Geometría e historia

Todavía toca el filósofo otros asuntos.

-¿...?

-La geometría es para los ingenuos, porque es pura línea recta. Y ¿qué? A mí me interesan otras cosas, como la historia. Para descubrir, como ha descubierto un historiador, el absurdo origen de esos árabes y judíos que hoy se pelean en Palestina. Resulta que los judíos que actualmente residen en Palestina son descendientes de los árabes. Y los árabes que habitan en esa región descienden, a su vez, de judíos.

Montería y filosofía

Una hora ha durado esta plática larga y cordial.
Ahora el filósofo escribe unas palabras en un libro del que es autor, y nos lo entrega, no sin antes diagnosticar:

-Chávez es apellido de Extremadura. Y no me extrañaría que Camacho fuera vasco, como casi todos los apellidos españoles.

El libro, de más de doscientas páginas -editado por la Revista de Occidente- tiene por título: Dos Prólogos. Y por subtítulo: A un Tratado de Montería; a una Historia de la Filosofía.

Despedida

Ya conduciéndonos a la salida pasamos por su cuarto de trabajo, donde vemos una pequeña
máquina de escribir, un sillón de terciopelo pardo y un libro sobre Cristóbal Colón.

El filósofo habla:

-Yo madrugo todos los días. Desde las cuatro y media de la mañana estoy carburando. A un lado de mi cama tengo una mesa movible, especial para leer y escribir. Yo siempre escribo a mano y, desde hace muy poco, con estilográfica. Luego me copian a máquina. Aunque sería mejor escribir con pluma de ave para que fuera más personal la tarea.

Nos acompaña hasta la escalera que da al jardín. Allí nos despide amistosamente, y agitando la mano, ya separados, nos grita:

-Puede decir que ha conocido a este pequeño viejo salvaje.

Si supiera que diremos eso y todo lo demás, ¿qué sucedería?, es lo que vamos pensando nosotros al alejarnos.

"No es eso, no es eso"

Al primer español que encontramos hacemos esta pregunta:

-¿Cuál fue la postura de Ortega y Gasset ante la República en españa?

Nos contestó:

-Primero hizo la República, ayudado por otros intelectuales. Y cuando vio hacia dónde iba la república se limitó a gritar: "No es eso, no es eso." Significaba así que no había sido "eso" lo que él quería para España. Pero "eso" fue la República en España.