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jueves, 22 de octubre de 2009

BERGAMONTE

José Ramón Márquez

No iban nada descaminados aquel pobre femateret de las quintillas de Teodoro Llorente, que creía que, llegada la hora de yantar del Rey de España, no podría tener mejor apetencia para su mesa que un plato de arros amb fessols y naps, ni Thebussem, cuando pedía que en la mesa del monarca nunca faltase el cocido, que es el compendio de todas las regiones de España.
En este mundo actual, en el que la comida de los restaurantes de más fama se plantea para gentes a las que no les gusta comer, como ejercicio de puro snobismo o de huída hacia delante (fast food gourmet), a base de mezclas aberrantes y de presentaciones de fantasía más apropiadas para la alimentación de chiquillos que de hombres, parece que quizás sea el momento de volver la vista hacia la simplicidad de los fogones, hacia la gran cocina hecha por las mujeres (atrás escuelas de cocina), por las insignes guisanderas que son capaces de poner a punto un arroz abanda con su base monolítica de caldo de pescados de roca.
En Bergamonte, a la vera de una carretera entre los naranjos en La Puebla de Farnals, impera el arroz y las conversaciones se pueden apurar sin prisas.

Bergamonte
Avenida del Mar, 25
La Puebla de Farnals, Valencia