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viernes, 15 de enero de 2021

La República



Mayo del 68 en Madrid

Miguelín en Las Ventas

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Hoy no hay un Mommsen para contarlo, pero ya podemos decir adiós a la República de los Founding Fathers, que llevaba algunas presidencias boqueando. La mitad del país, llamada de izquierdas, dejó de creer en la Constitución (no le gusta el Colegio Electoral ni la Corte Suprema ni la Segunda Enmienda), y la otra mitad, llamada de derechas, ha dejado de creer en el voto. “Et tout le reste est littérature”, que diría Verlaine, cuya Canción de Otoño eligió Eisenhower para santo y seña del Día D.
    

Pero ¿qué hacen ahí metidos todo el día? –preguntó en Filadelfia una señora a John Adams, que había salido a distraerse del trabajo de dar forma a la Constitución federal como la osa virgiliana a sus oseznos.
    

Señora, ¡la República de las leyes! –contestó el estadista, más kelseniano que un ocho, cuya esposa, por cierto, la tremenda Abigail, acusaba a Hamilton de tramar hacerse… rey.
    

Cuando el miércoles, día de Reyes, un Búfalo de la Pradera, que diría Chiquito, entró (como Pedro por su casa, la verdad) al Congreso y dio con el ordenador abierto de Nancy Pelosi, donde la única alarma eran las citas de la peluquería, me acordé de la señora de Filadelfia poniendo a prueba, sin querer, al grupo constituyente que, sin saber, estaba inventando la “República de las leyes” (Adams), es decir, la “democracia representativa” (Hamilton), de la cual sólo queda hoy la “mano muerta de la abstracción”, que mece la cuna de una sociedad de abogados.
    

La jurisprudencia y las matemáticas han desarrollado las formas más puras de la ficción –nos dejó dicho el filósofo del “como si”.
    

Trump siempre fue un epígono del siglo veinte: lo odioso, en él, es su anacronismo de aguafiestas que señala y grita al rey (TV, Hollywood o Big Tech) que va desnudo. Trump es a la democracia del siglo XXI lo que Miguel Mateo Miguelín a la tauromaquia de los años 60. “¡Detengan a ese hombre!”, gritaban los cursis del clavel cuando saltó, trajeado, al “sagrado ruedo” y se montó en el toro que lidiaba El Cordobés.

[Viernes, 8 de Enero]