Follow by Email

lunes, 11 de enero de 2021

Fútbol mental


Curro Fetén con Palomo Linares en las ruinas mayas de Uxmal

Enero del 73

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Antes, para ser figura del toreo, había que mandar.


    –Fulano no manda –se quejó un día en la radio Curro Fetén–. Y si manda, aquí no llega.
    

Ahora, para ser figura del fútbol, hay que tener mentalidad, como… Lucas Vázquez.
    

Hughes metió ayer el dedo en el ojo de la Liga española: sus dos mejores delanteros en números son Iago Aspas y Benzemá, pero, ni en España ni en Francia, ninguno de los dos posee rango internacional. ¿Por qué? Porque les falta mentalidad, es decir, “estado de masa”.


    Estado de masa es como el historiador francés Georges Lefebvre llamó al despertar súbito de la conciencia de grupo a causa de un estímulo violento que comunica a los individuos un carácter colectivo. Estas mutaciones humanas tienen que ver con los fenómenos biológicos descritos por el matemático francés René Thom en su teoría de las catástrofes. En palabras del único pensador español que se ocupó del asunto:
    

Un agregado de pacíficas langostas, llegado al punto de saturación del olor de sus feromonas, a causa de la superpoblación, cambia bruscamente su estado habitual y levanta el vuelo devastador en estado de plaga.
    

Así explicó Lefebvre el Gran Miedo de la Revolución francesa y así explican los cronistas el Gran Miedo del Madrid de Zidane: el temor a que pudiera irse por perder hace que sus pretorianos, saturados de feromonas, se pongan a correr para ganar, y ganen.


    Un club es esencialmente un grupo de personas con una mentalidad análoga. Pertenecer a un club significa poseer su mentalidad. En las mentalidades medievales estudiadas por el historiador francés Georges Duby encontrará el lector el orden psicológico que rige en el Madrid de Zidane, donde a Hazard, 160 millones de euros, le mueve la silla Lucas Vázquez, el Colibrí de Curtis.
    

Desde luego, no es una mentalidad española, que, por otra parte, nadie ha estudiado en serio, salvo un apunte parlamentario de Fernández Flórez en estas páginas hace 85 años con motivo del premio que la República estableció para los padres de familias numerosas: cien pesetas, por una sola vez. Para obtenerlo, “usted tiene que buscar una mujer honesta, unirse a ella, extenuarla en la producción anual de un hijo; trabajar para todos, alimentarlos, vestirlos, calzarlos…, y a los diez años, si usted ha conseguido quince hijos, se presenta en la ventanilla y le dan veinte duros”.


    –¡Hombre…, por Dios…! Valen más quince merluzas.
    

Y ahí quedaba el retrato de “un país cutre, de migas en la barba, en el que casi nadie se hace rico, y el que ya lo es se separa de cada billete con más dolor que de un amigo; en el que el Estado ni sabe socorrer, ni sabe pagar, ni sabe cobrar tampoco…”
    

Una mentalidad “comme il faut”, y sin embargo nada francesa, fue la que Mourinho trajo al Madrid, y los custodios de la moral patria lo echaron a pedradas. Por algo a Santayana la mente humana le parecía, a lo sumo, una especie de canción, cuya música acompaña las palabras, e incluso las palabras, consideradas nombres de las cosas, no son sino pobres símbolos agrestes para los insondables objetos.


    –Miro a Mou y pienso que vamos a ganar algo sí o sí –le ha dicho Reguilón a Roncero esta Navidad.
    

Ahí está la mentalidad. Reguilón (otro invento de Solari) marchó a Londres porque Zidane no quiso hablar con él, y en Londres, por Nochebuena, Mourinho le dejó en la taquilla una caja con un cochinillo asado, “porque sé que estás solo en Navidad y así no tienes que cocinar la cena y cenas bien”, detalle que en España, cuando estaba en el Madrid, le hubiera costado una acusación de acoso por los medios que le declararon la guerra total al portugués, el mayor detector de tontos, después de Trump, que nos ha dejado el siglo.


    Reguilón habla de Mourinho como lo haría un tártaro del duque de Moscovia. Cuenta Montaigne, francés ahora de moda entre los españoles de meñique levantado, que el tal duque debía a los tártaros la veneración de que, cuando le enviaban sus embajadores, acudiera ante ellos a pie y les ofrecía un cubilete de leche de yegua (“brebaje que les deleita”), y si al beber caía alguna gota sobre la crin de sus caballos, estaba obligado a beberla con la lengua.


    –Miro a Mou y pienso que vamos a ganar algo sí o sí.
    

Ganar algo parece ser la condición de Harry Kane para no irse al City del Gandhi de Sampedor, que dispone de cien millones para arrebatárselo a Mourinho. “Kane veo, Kane quiero”. Mas si la progresión de Lucas Vázquez continuara a este ritmo mediático, lo natural es que Pep, que desea todo lo que brilla, se olvide del “Hurrikane” de Londres para poner sus monedas de oro en el “Picota” de Brigantia.

 


 C. F.

RAVE AL DESNUDO


    Más impactante que la sanción a Trippier o el nominalismo de Isco (acaba de poner de nombre “Piero” a un hijo) es la plática en plena “rave” de una mujer semidesnuda a los “mossos” que acudieron a aguarle la fiesta. “No es pecado divertirse”, les decía (sin mascarilla, como Illa) la Venus del botellón a los mocetones policiales enviados por la Generalidad a luchar contra la soberbia de la carne, última raíz del mal para los teólogos de la Edad Media y para  los “mossos” de Torra y Pla, representante de los valores de claridad, de ritmo y de salud propios del “humanismo”.

[Lunes, 4 de Enero]