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viernes, 29 de enero de 2021

De buenri


 

Hughes

Abc
 
En la foto, la cartelería de Cs para las elecciones catalanas. Personas abrazándose a sí mismas. Son abrazos tolerables en el Covid, unipersonales, pero también abrazos solitarios y quizás narcisistas. No nos puede sorprender. Sale un señor con camiseta rosa, una mujer con pelo afro, otra con el pelo naranja y corporativo… Es meritorio que siendo personas solas introduzcan la obligatoria idea de diversidad. Son personas solitarias, pero retazos de otras posibles.
 

Ah, ya estoy oyendo a un ideólogo… Frente a la pesada idea de pueblo del nacionalismo (de los nacionalismos, dirían), frente a cargantes ideas de comunitarismo y grupo, individuos solitarios en busca de un abrazo. No remiten al frío individualismo, sin embargo, sino a un arco iris de pluralidad. Ese abrazo es el que necesitamos todos, es verdad, pero además busca sellar la brecha civil en Cataluña con civismo mudo, sin reproches, ni preguntas, ni consignas. Un abrazo, apa, y a seguir. Ni siquiera se menciona al candidato o un objetivo que no sea la concordia nada comprometida, pues ni siquiera hay que abrazarse al vecino (es curiosa esta descomposición del Abrazo fundacional mítico de la Transición, del Abrazo de Genovés. Es como si de ese gran abrazo melé se hubieran quedado solos o descolgados en su retórica abrazos individuales, solitarios… visto así da pena, cierta pena, unidades discursivas y afectivas perdidas ofreciendo abrazos solipsistas que nadie quiere ya, abrazos perdidos, abrazos no dados… ¿no parecen un poco grillados? ¿no parece un poco la expresión algo desequilibrada del viejo abrazo? Si eso también fracasa, ¿no les quedará ya sólo abrazar árboles?).
 

No es muy distinto lo del PP. Sale Alejandro Fernández con un emoticono que es él mismo. Un retrato-emoticono. Sentido del humor. Él es redondo y simpático y el emoticono nos lo “icetiza” un poco. Alguien podría objetar que el PP, partido tan serio de política tan seria, recurra a eso, a un emoticono ¡que eso no lo hizo ni Trump! Un emoticono es lo mínimo, es reducir el mensaje a una carita, aunque cada vez se hace más necesario. Se entiende. A medida que se generaliza la expresión textual acelerada, el emoticono se requiere para fijar el tono de lo dicho, como la clave en un pentagrama. Las notas son las palabras, pero ¿dichas en fa, en sol, en re? El emoticono lo aclara, y el PP es inequívoco: todo con una sonrisa. Buen rollo. Positividad. No te puedes enfadar conmigo porque… mira lo que tengo: 🙂
 

Un emoticono es como un escudo.
 

Así que abrazo y emoji de sonrisita. Toma semiótica populista. El “constitucionalismo” tiene un mensaje complejo para Cataluña: abracito y sonrisa. Tiene la profundidad de un Smiley. Es como el final con prisa de una conversación de WhatsApp. “Bss (emoji) (emoji)”. Por ser optimistas diremos que no es el final, sino el inicio de una conversación, o pretende serlo. Lo que sorprende es que esto llegue de los llamados partidos antipopulistas, y precisamente en Cataluña, donde se enfrentan, según ellos, al populismo entero, al de izquierdas, el de derechas y al nacionalista. Pues van ellos y ¿qué hacen? :_ y :]
 

Que Cs y PP, que eran los de la política madura, los de la política de adultos hecha de razones y no de sentimientos, los del fact y la racionalidad, los de las respuestas complejas para los problemas del mundo acaben así, con un “Toi aki”.


Han reducido su mensaje al “de buenri”.