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miércoles, 27 de mayo de 2020

Nacionales


Max Stirner


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En la España de “la democracia que con tanto trabajo nos dimos todos”, ¿por qué Cristina Morales, premio Injuve con los populares y Nacional de Narrativa con los socialistas, decide apropiarse del “Discurso a las juventudes de España” de Ramiro Ledesma y no del “Discurso de Gettysburg” de Abraham Lincoln?
    
Por contexto (“¿Todo pertenece a todos? –se burlaba Max Stirner–. Esa proposición procede de una teoría idiota. A cada cual pertenece sólo lo que él puede”):
    
El texto de Ledesma encajaba en el mío. El mío tenía un hermano en ese texto, y si escogí ese discurso es porque en el artefacto literario que es mi novela ése funcionaba mejor.
    
Ledesma rompe espiritualmente con Ortega, su maestro, en mayo del 31. Ortega había analizado “la descomposición interna del viejo Estado, a base de ósmosis y endósmosis curiosas entre el Poder central y el ruralismo cacique” (hoy, autonomías). Pero Ortega, ay, “no ha conseguido desprenderse en política del viejo concepto de Estado”.
    
Se mueve en el orden de ideas roussonianas y de la Revolución francesa, según las cuales el Estado es pura y simplemente una institución al servicio de la Nación.
    
Reparemos en un detalle que nuestros liberalios, que reniegan de la Nación (en la publicidad del Ibex España es “Estepaís”) y que defienden como leones el Estado de Ledesma, ignoran: cuando rueda la cabeza del rey Capeto, el pueblo no grita “¡Viva la República!” ni “¡Viva el Estado!” ni “Viva el Centro!” Grita “¡Viva la Nación!”
    
Frente a todo eso –replica Ledesma a Ortega– triunfa hoy en el mundo el nuevo Estado, cuyo precursor ideológico más pulcro es Hegel. El Estado es más bien la base misma del pueblo.
    
En la España manicomial que tenemos delante, los liberalios que piden liberar al Estado de discapacitados y un Ministerio de la Verdad (sic) llaman fascistas a quienes salen a la calle a recoger cascotes de su Nación (desheredada en el 78) con la natural inclinación a salvar la continuidad histórica de España, su unidad y su permanencia.