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jueves, 21 de mayo de 2020

Estadófagos



IgnacioRuiz Quintano
Abc

    En el país de Juan de la Cosa, la explicación oficial a los cuarenta mil muertos de la pandemia es que “Nueva York, Madrid, Teherán y Pekín están en línea recta”, aunque, si la gente se cabrea, no es por el mapa de Calvo de Cabra, sino porque “la teología circula por las alcantarillas de la democracia liberal”, al decir del proveedor en España de la hegemonía cultural, y así queda justificada la dictadura jetácea de Sánchez.
    
El Estado es la personalidad jurídica de la Nación, pero aquí, desheredada en el 78 (por la jeró) la Nación, ¿qué tenemos? Pues una merienda de estadófagos, como lo anticipó la inteligencia que mejor penetró la Transición, pues supo ver que, desaparecido el dictador, habría una convergencia de dos sentimientos antagónicos, el de los servidores del Estado y el de los enemigos del Estado: la adoración de los primeros y el miedo de los segundos al poder del Estado determinó el pacto de la Transición.
    
La estadolatría de unos y la estadomanía de otros se fundieron en una pasión común de estadofagia, pasión familiar y ajena al sentimiento natural de la Nación y de la moralidad.
    
El catering de esta estadofagia es el Centro (hoy, Ciudadanos), que sirve buenasnoches de Estado a todo el que se acerca a comulgar las ruedas de molino propias del Régimen. Todo es “de Estado”: desayunos, almuerzo, cenas, visiones, culturas, funerales, hombres, mujeres, abogados, pactos… Centrar es pactar. Y del pacto de la Transición surgió, se ha dicho, la necesidad, y luego el sentimiento, de estar y permanecer unidos con una misma pasión de servirse del Estado.

    –Amigos y enemigos del Estado se reconciliaron en un banquete de reparto constitucional del que salieron transformados en nuevos hombres “del” Estado.
    
De “su” Estado, el Estado de partidos, enemigo de la Nación que se revuelve contra la ruina aporreando cazuelas.

    –Hoy no hay más naciones en Europa, sólo partidos –anota Heine, el “ruiseñor alemán que hizo nido en la peluca de Voltaire”.