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viernes, 22 de mayo de 2020

Basura




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Muertos de la Coviz (Simancas dice la Coviz, que rima con Madriz) no nos han enseñado ni uno (en un mundo de hechos, dice Paz, la muerte es un hecho más), pero, a cambio, los inspectores de la justicia social nos han restregado la imagen de una mujer revolviendo la basura en el Barrio de Salamanca mientras las “elites extractivas” se van con sus benjamines de cava a la revolución.
    
Papá, el hombre de la basura está aquí –oye decir Groucho, cuya basura era la más pobre del vecindario.

    –Dile que hoy no queremos.

    Como tampoco quiero que los reporteros de la prensa sentimental me estropeen la siesta con sus fotos de falsos milicianos de Capa, diré que en mi barrio, que también es el de Salamanca, hay una pastelería que cada tarde, al cerrar, deposita el saco de los curasanes (¡crujientes y barnizados dilemas cornudos!) de María Antonieta en el cubo de la basura que hay en la acera donde una bandada de señoras, llevadas más de la manía que de la necesidad, aguardan, como gaviotas, para repartírselos en ruidosa disputa.

    Frente a los Caballeros de la Basura de Alfonso Reyes (“Por la basura se deshace el mundo y se vuelve a hacer: el mundo se muerde la cola y empieza donde acaba”), estas Damas de los Curasanes en las que un avispado Capa podría “reproducir” fácilmente aquella manifestación de mujeres de octubre del 89 que, protestando en París contra la escasez de pan, se transformó de repente en columna revolucionaria que marchó contra Versalles. Luego, una “anatolefrancesada” de Pablemos en el Parlamento, haría el resto:

    –¡No a la ley que prohíbe a los ricos igual que a los pobres robar pan y dormir bajo un puente!
    
Desde el visillo de Gobernación, el viejuno Marlaska nos pone el gorro frigio con una boutade fascista que cuesta encontrar en la boca de ningún ministro de la porra franquista: “¿A qué sale de casa la gente, a pasear o a criticar al gobierno?” Sabe, eso sí, que el B52 del logo pepero no es una gaviota, que grazna, sino un charrán, que trisa.