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jueves, 28 de mayo de 2020

La Canina


John Glover / Lionel Luthor


Ignacio Ruiz Quintano
Abc
    
El gobierno se hace el muerto porque espera que el bien acabará naciendo del exceso de males. Es el gobierno de la Canina, una Canina andante (“Mors mortem superavit”) contra “la España viva”, que dicen los otros. Mas nadie espere dimisiones. Ni suicidios (Scherbitski, el de Chernóbil, no conocía el poder del humor negro).

    –Los expertos coinciden en que el 8M resultó marginal en la pandemia –titula el diario gubernamental–. Fue más relevante el transporte público.
    
Las ministras se contagiaron, no en la pancarta, donde estaba prohibido hacer el buz, sino en el metro y en el bule camino de la manifestación del gran Chernóbil sanchista. ¿Y los muertos? Nada que no pueda arreglar la estadística, un método lógico y preciso para decir una verdad a medias con toda exactitud.
    
De momento, ya llevamos dos mil resurrecciones. Creíamos que la Coviz (rimar con Madriz) había acabado con media generación Baby Boom (¡los hijos de la marcha atrás!), y resulta que, marcha atrás, la Coviz es otro “baby boom” que dejará en España más vivos de los que encontró.
    
Este truco de la marcha atrás lo empleaba hace años un tuitero, Doctorow, para hacer sinopsis de películas. “Si miras ‘Tiburón’ al revés, es la historia de un tiburón que vomita personas hasta que abren una playa”. “Y ‘Supermán’, la de un tipo que vuela poniendo a la gente en situaciones precarias y luego se esconde”. “Y ‘Viernes 13’, la de un jugador de hockey que cura a unos adolescentes heridos para que puedan irse del campamento a casa”.

    Al frente de la factoría de sus sueños tiene el gobierno a Marlaska, típico trepador español que llegó al cargo de matasuegras de Sánchez con aires de John McAfee, el del antivirus, y hoy está hecho un John Glover viejales jugando a Lionel Luthor en un “Smallville” de adolescentes cincuentones con los Iglesias de Clark y Lana. Un ser carente de emociones variadas y profundas, que para madame de Staël es lo que permite reconocer en un ministro una auténtica grandeza de alma.