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jueves, 6 de febrero de 2020

Venezuela


Pelosi rompiendo el "delenda est" Venezuela


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Donald Trump ha lanzado en el Congreso su “delenda est” Venezuela, y, aunque Nancy Pelosi, esa Tía Abby de “Arsénico por compasión” (cree que Lincoln es uno de los Founding Fathers), rompió el folio, el caso es que Maduro ya no sabe por dónde le va a caer la pierna de Ojeda, el heroico cojo que llamó Venezuela a la tierra donde le hirieron los indios en la pierna cuya leyenda de “gafancias” continúa.
    
Venezuela es el camarote de los hermanos Marx del socialismo (y dos huevos duros) español: Carlos Andrés Pérez/ Felipe González, Zapatero/Chávez-Maduro… “Malandros”, los llama Franceschi, privado de Twitter por denunciar estas cosas.

    –¿No sería muy difícil aplicar a España el Código de Libertad política, civil y religiosa de Inglaterra? –pregunta Bolívar a los ciudadanos de la Nueva Granada en 1812.
    
En pleno marianismo, Rivera, el nadador, iba a volar a Venezuela para la cosa de la democracia y le dijeron del gobierno que antes tenía que pasar a ver a Zapatero.

    –América es ingobernable para nosotros –avisó el propio Bolívar–. Quien sirve una revolución ara en el mar. Sólo se puede emigrar. La Gran Colombia caerá en manos de tiranuelos de todos los colores. Devorados por todos los crímenes, los europeos no se dignarán conquistarnos.
    
Allá mandan ahora chinos, rusos… y españoles, que para el BEI (¡300 millones a Italia!) no somos del todo europeos.
    
El “delenda” trumpiano y la diplomacia del dron serán un sinvivir para el ministro Ábalos con cada ovni que zumbe por Barajas. Y a las órdenes de Pablemos, el hombre que llegó a La Moncloa sin saludar a los ujieres que le abrían la puerta, como según madame de Stäel llegó Bonaparte al patio de las Tullerías:
    
No miró ni dio las gracias a nadie, como si temiera que se le podía creer sensible a los homenajes que él mismo exigía… Sus miradas sólo expresaban lo que siempre le conviene mostrar: la indiferencia ante la suerte y su desdén por los hombres.
    
Ojeda, al menos, era (lo dice Las Casas) “hermoso”.