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viernes, 7 de febrero de 2020

Día de la negritud copera

Francisco Javier Gómez Izquierdo

 No sabía cómo ver a la Real contra el Madrid y Antonio, que presume de que en su bar se leen todos los periódicos y se ven todos los partidos de fútbol, se concertó con un cliente para con no sé qué maniobras del móvil conectado al televisor satisfacer a su distinguida clientela.
      
Que yo sepa, sólo una cosa ha hecho bien don Rubiales y es volver al partido único de la Copa. No sé cuánto tiempo permitirán Madrid y Barça el acierto de don Rubiales, pero mientras tanto, toca disfrutar de verdad. Don Rubiales acertó en el formato de la Copa de Su Majestad el Rey, pero erró en la venta de los derechos. Entre los muchos inconvenientes de la empresa que se ha entendido con don Rubiales está uno clave en el fútbol de moda como es la gestión del VAR por la televisión. Al espectador del Bernabéu que ayer tarde llamó a casa -ahora para enterarte de lo que estás viendo en un campo de fútbol tienes que llamar al que lo ve por la tele- para saber si Vinicius estaba en fuera de juego en el gol que le anularon a él y en el que dio a Rodrygo no le sacaron de dudas porque la empresa que contrata con don Rubiales no repite y explica las jugadas que juzga el VAR. Así, lo que que se inventó pensando en los que pagan por ver por televisión no tendría razón de ser, porque si las jugadas se juzgan en secreto y sin información a las partes los desaguisados e incluso delitos podrían ser descomunales.
      
Mis malas relaciones con el VAR no han de enterrar el sensacional espectáculo de ayer en el Bernabéu donde el planteamiento más mental que táctico de la Real derrumbó la nula concentración de un equipo que da la sensación de que el partido único sólo se estudia en caso de final de Copa de Europa. No creo que la alineación de Zidane -si faltaban Varane y Casemiro, en el otro lado no estaban ni Llorente ni Portu, por ejemplo- sea la única culpable del desaguisado blanco y más me inclino por esos perniciosos complejos de superioridad y ese “somos el Madrid” que suelen aparecer cuando el viento sopla a favor y que tan malas consecuencias reparten. El caso es que, a pesar del 1-4, a falta de 10 minutos que tenía a la afición donostiarra nadando en un mar de felicidad, el Madrid estuvo a punto de remontar el humillante resultado en un arranque de tardío orgullo capitaneado por Vinicius, al que no se le ha de negar ni el talento ni la precipitación. El día que controle las marchas será imparable. A la Real le sobraron ésos 10 minutos -casi 20, Mateu Lahoz se fue al 97-, pero en los otros ochenta estuvo espectacular y pongo espectacular porque maravilló al público neutral, entusiasmó al propio y dejó estupefacta a la afición rival. A todos nos hizo sentir y nadie olvidará eliminatoria tan formidable. El negrito Isak, 20 años, no sólo ha desplazado a William José (¡con lo bien que estaba y en el lío que se ha metido este hombre!). Seguro que los grandes ya están en tratos con la Real para desplazar vacas más sagradas. ¿Y qué decir de Odegaard tan contundente como exquisito? ¿Y de Sabin Merino, un Casemiro en guapo?  ¡Ah! Un defecto de ayer en la Real. Remiro, el portero que contagió inseguridad en esos últimos minutos, que a un servidor, sin ir más lejos, le parecieron eternos. ¡Bien por la Real, a la que seguí en sus gloriosos años en el viejo Atocha!

      -¡Y el Athletic se carga al Barça! ¡Ya lo veréis!

 Ése fué el augurio de la mayoría que se levantó en lo de Antonio para ir al sofá a disfrutar de un fútbol que en la casa del pobre sólo va a ser posible en la Copa y cuando te dejen. Iñaki Williams, al que tenemos en mi peña un cariño especial, por estar en San Mamés el día que debutó de titular ante el Córdoba -“joé, un negro en el Athleti”, dijo mi presi, que no está al tanto de las plantillas-, en el puente de la Inmaculada del 2014, nos remató de cabeza un día inolvidable en ese minuto 93, considerado mortal de necesidad para los profesionales del fútbol y que confirma una decadencia azulgrana a la que sin faltarle el talento le sobran síntomas depresivos. A mí el Barça de ahora me parece como la Venecia que visité hace unos años. Bonita, sí; preciosa, si quiere usted de primera ojeada, pero de un esplendor amarchitado, triste, melancólico. ¿Por qué será que últimamente, cada vez que veo al Barça, me acuerdo de Venecia?
     
Quique Setién llega tarde, creo yo. Para mí, era el sustituto perfecto de Guardiola, pero ni su tiempo ni sus lecciones son ya para un grande. Haría bien en actualizarse en vista de cómo le presionan en defensa y sobre todo tras la carrera de Williams contra la que Piqué sólo pudo argumentar un agarrón preñado de derrota e impotencia. Esa presión y esas carreras amenazan con acompañarle en Liga y en Champions. El Barça no es el Betis y carreristas como Williams los hay más finos en Champions.
     
La semifinal  enfrenta a los dos equipos más atractivos del torneo, R. Sociedad-Mirandés, y a los que un servidor quería en la final. Habrá que aclarar un grave matiz. ¿Dejará la Real jugar a sus cedidos?  De cualquier manera, en esta Copa ya quedó dicho que todos somos del Mirandés. E incluyo a casi todos los vascos.
 
 Isak

Iñaki Williams