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sábado, 29 de febrero de 2020

Facilidades

Cine fácil

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En el 83, cuando el Psoe ponía ojos de verlo todo por primera vez, un peneuvista, Marcos Vizcaya, con la autoridad de conocer a la “amachu”, propuso la eliminación del “desprecio de sexo” como agravante en el Código Penal.

    –Mantenerla significaría que un sexo merece más respeto que otro –argumentó Vizcaya, con su barba de hípster de Górliz.
    
Y suprimirla sería coger el rábano por las hojas –replicó el pepero Calero, con el argumento, entonces “franquista”, de que la mujer es más débil que el hombre, que puede aprovecharse para agredirla.

    –¡Galantería franquista! –bramó el socialista Granados, un Ábalos “avant la lettre”–. Hay por ahí una artista de variedades cuyo número consiste en arrastrar con los dientes un tren. No he tenido la fortuna de verlo, pero lamentaría encontrármela con actitudes discrepantes.
    
El sanchismo, que es zapaterismo con menos lecturas aún, recupera el feminismo “franquista” del sexo débil, y su ministro de Cultura, que puede convertir la Casa de las Siete Chimeneas en un asador, dispone que las películas dirigidas por mujeres lleven la póliza de “obras difíciles” (?) pensionadas con una subvención automática. El ministro, un tal Rodríguez, va de experto en Rousseau, pero de devoto de Montaigne, misógino más allá de cualquier consideración.
    
Para Rodríguez, “La diligencia”, “El padrino” o “El irlandés” son “obras fáciles”, y Ford, Coppola y Scorsese, tres facilones de facilidad heteropatriarcal, porque el cine les es tan fácil como a Mozart la música o a Capablanca el ajedrez, lo cual los hace indignos de los euros del contribuyente.
    
–En España se necesita la revolución del respeto –justifica Rodríguez su teoría con frasecica fácil de Don Suave, cuyos alumnos lo llevaron a ver una puesta de sol porque en Granada, le dijeron, salía un rayo verde de la Alhambra. Otro día amenazó con decir también él tacos, si Prieto no se reprimía. Prieto no se reprimió, y Don Suave estalló:

    –¡Cáspita, Prieto! ¡Cállate!

    Cáspita, Rodríguez.