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lunes, 24 de febrero de 2020

La puñalá trapera

...y Lucas (por el toro del Evangelista)


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Con viento duro de Levante, que diría Trillo, el experto en Shakespeare, el Madrid cayó en el Ciudad de Valencia de puñalada trapera, que no es una cosa que venga de Shakespeare, sino de Úbeda, donde los Aranda y los Trapera, que eran como los Capuleto y los Montesco del pueblo, protagonizaron la leyenda de la puñalada trapera (sin previo aviso), es decir, de un Trapera, a un Aranda en una iglesia durante la celebración de la Eucaristía, en el momento de la consagración.
  
La puñalada trapera del Levante la asestó Morales no en el tobillo de Hazard, que parece ya la rodilla de Milito, sino en la espalda del Madrid, toda la noche al descubierto, y sólo podría ser descrita por un médico forense. Fue el gol del falso zurdo de toda la vida, la jugada culminante de quien, siendo diestro, juega de extremo izquierdo. El mejor “gol Morales” que he visto en mi vida lo hizo Juan Palacios, desaparecido caricaturista de esta Casa, en un Solteros contra Casados con el equipo de ABC. Y es el gol que ahora acaban de hacerle al Madrid, que perdió la Copa con la Real en el Bernabéu y puede haber perdido la Liga con el empate ante el Celta en el Bernabéu y la derrota ante el Levante en el Ciudad de Valencia, donde se vio que las rotaciones de Zidane tienen que ver con la gestión de egos, no con la estrategia del juego, que por ahora se reduce a las bananas de Lucas Vázquez, el mejor amigo (“mozo espás”) del capitán.
 
 En Valencia falló hasta Courtois, al que Morales dejó ladeado en el suelo, “como los hombres en Verdún”, en la imagen imborrable de Montherlant para pintar al portero desarbolado por el viento de los goles, que fue uno, aunque sentó como una goleada, por el mal momento en que vino, con Setién a las puertas del Bernabéu para grabar su anuncio de vieja de las cuajadas.
  
Esta solanera de entrenadores-marujas que recobra vida en España la reabrió Setién con su polémica con Bordalás, el del Getafe. Setién es un teórico de la cuajada pasiega vestido de tertuliano del Canal 5 francés, pero con un ayudante que mantiene el look poligonero y que desentona en el banquillo culé, donde siempre se cultivó el “disseny”. A Setién no le gusta Bordalás porque no le hace pasillo a Messi, como se lo hizo Mendilíbar, cuyo club redondeó la tontuna del Fair Play con un tuit dedicado al Potele rosarino que “pone la gallina de punta”, como diría Cruyff.
  
Te sufrimos. Te padecemos. Te sobrellevamos. Y no nos queda otra que ponernos en pie y aplaudirte.
  
¿Cuántos goles hubiera hecho Maradona si, en vez de a Goicoechea, hubiera tenido que regatear tuits del Éibar?

    En defensa de Bordalás, que se limita a cumplir con su obligación, sólo salió el gallego Fernando Vázquez, que dejó caer unas cuantas cosas inteligentes en un mundillo podrido de silogismos progres:
  
Setién “lo” predica. Bordalás no predica nada. Juega como le sale del papo…Pero en Barcelona el que estuvo en campo contrario fue el Getafe, el equipo que dicen que da patadas, que defiende no sé qué... Es un desprecio absurdo. ¡Pero si te ganó la partida claramente! Perdió el partido porque no tiene a Messi y alguno más. Bordalás no entrena para gustarse. Él entrena dentro de unas posibilidades estratégicas, valorando su fuerza y la de los demás. Él es entrenador de verdad. El año pasado, cerca de Champions, y éste en Champions. Tendría que ser el entrenador que estuviera en la cabecera de todos los informativos. Además, Bordalás es un buen colega. No se justifica hablando del rival.
  
Con el cuajo industrial de Messi, Setién llega a Madrid a enseñarnos cómo se hace la cuajada casera. Por aquí ya pasó Klopp, un alemán que devora raones en Ibiza y bobadas en Madrid, adonde llegó elogiando el sistema de Simeone, y cuando Simeone lo corrió a collejas por el Wanda, donde no creó una sola ocasión de gol, se puso a llorar con el cuento del aliento de Mané (“Quité a Mané porque tenía miedo de que un rival se cayera cuando le echara el aliento”) y con que es muy difícil gambetear cuando no te dejan hacerlo. Estos tipos están faltos de un Ricky Gervais que les diga a la cara: “Cuando ganéis un partido, no aprovechéis para soltar un discurso político. No sabéis nada del mundo real. La mayoría de vosotros habéis pasado menos tiempo en la escuela que Greta Thumberg.” Esto vale para Klopp y para Setién. Vale para todos los sacamuelas del mundo, el mayor de los cuales también vendrá pronto a vernos, ese Gandhi de Sampedor que cuando decía que la Liga es más importante que la Champions… lo decía por algo, siendo el entrenador del City.
 
 La otra opinión inteligente oída de un entrenador es la de Allegri en “L’Equipe”:
  
El mejor entrenador es el que menos perjudica a su equipo durante el partido. Un entrenador tiene que sentir el momento, y los buenos son los que encuentran las soluciones antes que su rival.
 
 Y no miramos a Zidane.


Lucas de corto

RAMOS ETERNO

    Perdida la Copa y puede que perdida también la Liga, los teólogos madridistas vuelven a la cuestión que más los entretiene: la eternidad de Ramos, el hombre que quiere jugar gratis en el Madrid y no lo dejan. La eternidad es la renovación. “Si perdemos, continuaremos siendo el mejor equipo del mundo; si ganamos, seremos eternos”, dijo graciosamente Guardiola a sus futbolistas antes de la final de un Mundialito. Si pierde, Ramos seguirá viéndose como Mejor Central del Mundo; y si gana, se verá eterno. Pero ganar… ¿qué? Muy fácil: los Juegos Olímpicos.