miércoles, 7 de marzo de 2012

¿Qué es eso de un toro "agarrado al piso"?

Lo más aproximado a un toro agarrado al piso es la Bicha de Balazote

José Ramón Márquez

Ya no saben ni qué inventar para enredar a la gente y liarla en palabras, para poner de moda estas sandeces que la banda va por ahí repitiendo. Hasta habrá algunos que se creerán que por decir esas memeces ya están en la pomada y, claro, como suele ocurrir, no se dan cuenta del ridículo que hacen. Ahora han sacado una nueva invención que es ésa de que "el toro estaba agarrado al piso". Se ve que cada año les da por una tontuna y ésta es la que han inventado para esta temporada. Antes, el toro era, por ejemplo, un marmolillo, pero ahora no, ahora el pobre bicho se agarra al piso lo mismo que las garrapatas a la epidermis de sus víctimas.

¿Quién será el figura que se dedica a discurrir estas ocurrencias? ¿Será persona de estudios? Lo que es evidente es que con estas frases hechas lo que se trata es de decir cosas que confundan y no den pistas. Por eso es que todas estas invenciones son siempre muy bien recibidas en el mundillo, como lo del toro reponedor, que con eso el cornúpeta más bien parece un empleado del Carrefour, el pobre animal.

El otro día, sin ir más lejos, te repasabas las reseñas de lo de Olivenza en los sitios habituales dedicados a la confusión y ni uno la perdonaba, que allí lo que más se resaltaba por lo tocante al género toro era lo de que se agarraban un montón al piso, aunque no decía si con uñas o con dientes.

Sin embargo, hay algo chocante en esta invención, particularmente mostrenca, ya que resulta de todo punto inconcebible el acto de asir, tan extraño para un ungulado. Entre animales eso de agarrarse a algo es, diríamos, mucho más propio de las aves, que lo mismo puede ser una rapaz trincando un conejo desde lo alto que un canario flauta o un lorito agarrados a ese columpio que se les suele poner en las jaulas, junto con una jibia y una hojita de lechuga, para su solaz. Vamos, que lo del agarramiento no es cosa en la que uno sea capaz de ver a un toro por más imaginación que le eche.

En la Estación Biológica de Doñana me contaron que las vacas marismeñas -y a veces los caballos- se ensiman en partes de barro muy blando, y que los animales desgastan sus fuerzas tratando de salir de la trampa y sucumben; diríamos que el piso se los traga, y los animales no tienen manera de agarrarse. ¡Qué más quisieran los pobres que poder agarrarse, aunque fuese a un clavo ardiendo!

Es bien sabido es que en Olivenza cayó un meteorito en 1924, que se conserva en la magnífica colección de esos objetos que posee el Museo de Ciencias Naturales, y acaso pudiera ser que las emanaciones que dicho bólido produjo creasen alguna suerte de magnetismo y fuesen ellas las causantes de ese extraño fenómeno de agarramiento al piso que tan conspicuamente señalan los humoristas taurinos, aunque en realidad bien sabemos que lo que ellos quieren significar es que los toros del Cuvillo se movían menos que la estatua del Espartero, el del caballo, que está en la calle de Alcalá y que lleva ahí desde que la plantaron el 31 de agosto de 1886.


Toros agarrados al piso de un corral en Úbeda

La dificultad del ungulado común para agarrarse al piso