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sábado, 24 de marzo de 2012

Grandeur

Núñez, Beauvoir, Sartre y Guevara

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Se burlaban de Aznar, que al alba, y con viento duro de Levante, se plantó en Perejil. Pero hay que ver el jaleo de la “grandeur” para abatir a un psicópata armado, aunque acorralado y sin rehenes.

¡Disparaba como en un videojuego!

Ya lo dijo Schwartzkopf, el general de la primera guerra del Golfo: “Ir a la guerra sin Francia es como salir a cazar ciervos sin tu acordeón.”

En la ruidajera mediática, lo del yihadista de Toulouse ha sonado como un Parsifal de María Jesús y su acordeón.

Francia ha superado una gran prueba –declaró Sarkozy.

La República siempre es la más fuerte –declaró Hollande.

Matar a una rata y ponerse a hablar todos como personajes de Plutarco. Eso es la “grandeur”.

La “grandeur” es literatura. Es B-H Lévy pidiendo por el móvil desde Trípoli apoyo aéreo a Sarkozy para democratizar el Golfo de Sidra en un fin de semana. Es Chirac aniquilando los aviones de guerra de Costa de Marfil. Es Mitterrand hundiendo el “Rainbow Warrior” de los jipis de Greenpeace…

Los yanquis, al ser demócratas, tienen “nostalgia de la boue”, pero no de la “grandeur”, que es nostalgia del Rey Sol. La noche del Día D, mientras los yanquis caían como moscas en Normandía, los resistentes Sartre y la Beauvoir (con Camus y la Casares) celebraban su juerga habitual en casa de Charles Dullin.

Comenzamos a organizarlas sólo para pasarlo bien, no tenían nada que ver con reuniones editoriales ilegales ni nada semejante –diría luego Sartre, camaleónico santón.

Quizás el hecho de no haber visto de cerca a un nazi es lo que llevó a nuestros progres sartreanos a querer verlo en un salafista francés.