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miércoles, 28 de marzo de 2012

Autoclave

Periodista llorando por el Señorío

Pedro Ampudia


El primer viaje evangelizador de San Pablo tras caer del caballo camino de Damasco fue a Chipre. Allí consiguió convertir al cristianismo al gobernador romano Sergio Pablo, que tenía nombre de lateral brasileño, y en su honor cambio su nombre, Saulo, por el que conocemos. Anoche, en Chipre precisamente, se nos apareció a nosotros Sahin camino de la Décima. El sahinismo era hasta ahora una cuestión de fe. Había que creer lo que nos contaban sus apóstoles o contentarnos con las escasas apariciones sahinianas en Youtube. Anoche Sahin se hizo carne y apareció entre nosotros con ese rostro inescrutable y doliente que anuncia milagros. La colonia turca en Alemania está creando un hombre nuevo, fronterizo y eurásico del que Sahin y Özil son ejemplos vestidos de blanco. Un hombre nuevo construido con los esquejes de dos caracteres y formas distintas de entender el mundo, la vida y el fútbol.

Mourinho decidió ayer cocinar al Apoel a baja temperatura durante cincuenta minutos metiéndolo en un autoclave de alta presión y para esos menesteres puso en el campo a Coentrao y no sólo para molestar a los xenófobos de la izquierda divina y de los de la garrulada del Txistu. Estos que critican que Mourinho se lleve compatriotas a sus equipos son los mismos que babeaban con el Spanish Liverpool de Benítez. Como si Coentrao fuera peor jugador que Arbeloa.

Cuando la carne chipriota tuvo las fibras rotas y estaba tan tierna como una carrillera de ibérico cocinada con el mismo sistema, sacó Mourinho a Marcelo y Kaká para que convirtieran el césped en un sambódromo, pero sin garotas de Ipanema. Entre los dos brasileños y Benzema se zamparon al equipo chipriota dejando la eliminatoria sentenciada con noventa minutos por delante. No recordamos, porque nunca lo vimos, un Real Madrid tan solvente como éste del de Setúbal. Acostumbrábamos a hacer el ridículo en campos propicios para la exhibición y a remar siempre contracorriente subidos en la barca de la desazón. Sólo los cretinos pueden añorar aquel señorío que consistía en hacer grandes a equipos ínfimos y convertir en estrellas a jugadores mediocres. Por primera vez en muchos años tenemos al frente de la nave a un hombre que sabe lo que hace y que no deja nada al azar. Su displicencia para con la prensa deportiva le ha granjeado una horda de enemigos y una ingente tropa de fieles hartos ya de tanta mojigateria ad hoc. Entre los primeros hay muchos que presumen de un madridismo del que carecen y por ello convendría no olvidar las palabras del Pablo del que hablábamos antes. "Veo los peligros de la vida presente; peligro en el mar, peligro en la tierra y peligro en los falsos hermanos".