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viernes, 30 de marzo de 2012

Dunas

El sol del membrillo

Hughes


El PP es eso, un aparato lento en la exégesis arriolesca de las encuestas y las mayorías se le revelan como el membrillo a Antonio López, por obstinación de artista. Ser conservador es eso: lo antirrevolucionario.

En vez de salir a la calle a coger votos, a convertir a la gente, el PP, como un chuleta de barra, dice eso de “ya caerá”. La mayoría popular andalusí va a ser como una Numancia de la indiferencia, un asedio contemplativo, la construcción demoscópica de una muralla china. En Andalucía no entra lo “pardo castellano”, lo pardo de la meseta, que diría el poeta, y Arenas es también un poeta embargado en el dilema tartésico. ¿Qué será lo andaluz? ¿Qué secreta tecla de aire y gracia habría de tocar Arenas para despertar la aclamación? Arenas necesita un planteamiento metafísico para lograr al campesinado esencial, pero sólo habla de cooperativas. En la reciente tv movie de Telecinco sobre la Pantoja, le preguntaban a Isabel si iba a llamar a su amigo Zarrías para que le asfaltara el camino a Cantora. No contestaba la tonadillera, dejando la duda en el espectador, pero es que al régimen le quedó asfaltar el Rocío y Zarrías parece que se tuvo que quitar el bigote para no echar cara de Salinas de Gortari, PRI-mate. Don Gaspar, eso sí, tiene ramalazos de genio y en campaña acusó a Arenas de ser “autor material e intelectual de una campaña de acoso y derribo contra Andalucía”, como si la cosa llevara temporizadores.

Arenas se parece ya a ese personaje de Aquí no hay quien viva al que jamás eligen para presidente de escalera y si unas elecciones demuestran un cierto volksgeist, un cierto espíritu popular, ¿no estará empezando a odiar Arenas su propia condición de andaluz? Este hombre al que no rechaza una mujer, sino un pueblo entero –Andalucía como una Carmen displicente que no quiere la morenez yogui de Arenas– ¿no sentirá el rechazo de su tierra en su paisaje? Ante los olivares movidos por el viento, ¿no verá Arenas un cachondeíto? ¿No es la Alhambra para Arenas una cosa inexpugnable? Donde todos vemos palacio y jardín, ¿no verá él fortaleza y dificultad? ¿No evitará Arenas la chirigota gaditana ante la sospecha de que se le estén riendo? ¿No sentirá, en fin, Arenas el rencor cuando se encuentre ante la masa popular andaluza en el fútbol, en los toros o en la Feria? Me preocupa Arenas porque si yo fuera Arenas me haría gallego o me fabricaría una Andalucía alternativa, secreta, exiliada y mía, con todo lo andaluz heterodoxo.

La primera medida del nuevo Gobierno, que quizás sea el Gobierno de concentración que pide Rosa Díez con tremendismo cívico, debería ser abrir el Canal Sur a Arenas para que lo entrevistase El loco de la colina. Quintero, mudo, miraría mucho a Arenas, atónito e iluminado como un friki:

-Don Javier… a usted… ¿de verdad que le eligió su mujer?

En La Gaceta