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jueves, 29 de marzo de 2012

Huelga

El Camba presentado ayer

Ignacio Ruiz Quintano

Abc

Don Pedro Sainz Rodríguez fue el mecenas de Camba, inmortal hasta el punto de presentar otra vez en Madrid (ayer, con dos señoritos del auténtico cambismo cultural: Riestra y Rubido) su libro “Playas, ciudades y montañas”, que viene a ser el Mahabharata y Ramayana (con grelos) del galleguismo.

Bien, pues para Sainz Rodríguez una huelga general consistía “en que se cierran las panaderías”, y él, montañés por todo lo alto, se hizo entusiasta de la huelga general porque ese día comía, en vez de pan, sobaos pasiegos.

Así que hablar de huelga general es tan “cool” como hacerlo de los sobaos pasiegos de Sainz Rodríguez, y hablar de los sindicalistas que la promueven es tan chic como hacerlo de los curas gallegos.

Nuestros sindicalistas son los curas de los pobres. Hablan como los curas vascos de Regoyos y comen como los curas gallegos de Camba. Y yo he visto a Méndez, el Largo de Badajoz, despachar los huevos rotos de Sergio en Casa Sierra y las merluzas rebozadas de Adela en Casa Hortensia.

Largo, para los más jóvenes, fue el Lenin español: nombrado consejero de Estado por Primo, se opuso a todos los actos de la Dictadura, menos al de su nombramiento. En aquella España plural, después de Largo, el más exaltado era don Basilio Álvarez, cura gallego, intrépido, cojo y radical (de Lerroux).

¿Cómo nos vas a hacer creer, Basilio, que, cuando tú dices misa, Dios te obedece y baja al pan y al vino?

¡Pues se fastidia y baja!

Salir a la calle y oír llamar a la huelga general es darse cuenta de que España es España porque por ella no pasan los siglos.