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domingo, 4 de abril de 2010

COMO LO DE LA MEZQUITA, PERO EN LOS TOROS

Don Pedro Calderón de la Barca


José Ramón Márquez


Me entero por Gómez Izquierdo en Salmonetes... de la intención frustrada de unos mahometanos austriacos de orar contra viento y marea en la Catedral de Córdoba, ex-mezquita. Me gusta su valoración del hecho y no añadiré nada. Traeré a colación un suceso ocurrido en la Plaza Vieja de Madrid el día 31 de mayo de 1881 durante la celebración de una corrida extraordinaria de toros dentro de los fastos relativos a la conmemoración del centenario de Calderón de la Barca, en la que dos actores tienen características similares a dos de los austriacos musulmanes involucrados en el suceso de Córdoba, a saber: el cojo y el del cuchillo.

Sale el cuarto toro, de nombre Alguacil, retinto de cuerna grande y algo abierta, que salta al callejón tras haber recibido siete varas de Fuentes, Bertolessi, Colita y Veneno y haber enviado al más allá a tres pencos a cambio de cinco caídas de los montados. Lo banderillean El Barbi y Manuel Campos, ambos con vestidos llenos de oro, como si fuesen matadores. Entra en escena Cara-Ancha, de grana y oro, para interpretar el último acto de la vida de Alguacil. La labor con el estoque del maestro no es muy lucida, le pega al toro una estocada en las tablas en dirección de atravesar, otra atravesada, otra más atravesada aún, un pinchazo malo y un bajonazo. La silba es fuerte.

De pronto, los espectadores pierden el interés por el diestro y su mal manejo del estoque porque en los altos del tendido dos un cojo, sin que se sepa el motivo, blandiendo sus muletas comenzó a descargar fenomenales muletazos contra los que tenía más a mano, rompiendo y magullando las cabezas que tenía próximas. A raíz de esto comenzó una tumultuosa riña en la que los espectadores se peleaban a bofetadas contestadas por garrotazos, con acometidas de los unos contra los otros y con nuevas acometidas de los amigos de los otros contra los de los unos, enzarzados todos en defensa de no se sabe qué, pues, como se dijo antes, se ignora por completo cuál fue la causa del principio de las hostilidades.

Llegó el tumulto a ser tan general que incluso comenzaron a atizarse otras personas que nada tenían que ver con el inicio del incidente. Se produjeron avalanchas que atropellaban a los espectadores del tendido que nada tenían que ver con la disputa y empujones que derribaban a las señoras. En un momento de la lucha, el cojo que estaba en el origen de la pelea se queda sin armas, pues se le rompen las muletas de tantos golpes como ha dispensado, y ese momento lo aprovechan otros para abalanzarse contra él a pegarle sin atender a su condición de minusválido. El tendido queda limpio de gente. Unos huyeron atropelladamente hacia las gradas y otros se dieron a la fuga dejando a los contendientes en su bélica labor hasta que apareció la fuerza pública, a la que le costó lo suyo restablecer el orden.

Una vez conseguida la paz en el tendido, se llevan los guardias detenidos a unos cuantos, y cuatro de los beligerantes pasan a la enfermería para ser atendidos de heridas contusas y de ahí ser conducidos al juzgado de guardia. El campo de batalla queda regado de bastones, de anteojos, de sombreros. Después de la refriega, algunos espectadores se acomodan donde pueden, pero el tendido queda casi vacío, pues aunque sigue el festejo, ya sin más incidentes hasta su final, todo el mundo teme que vuelva a reproducirse en otro momento la algarada monumental del cuarto toro.

Al día siguiente los periódicos llaman al altercado ‘La bronca del siglo’. En realidad, de la larga tarde de la corrida en homenaje a Calderón lo único realmente reseñable fue esa formidable bronca, anotada de esta manera en el diario El Liberal:

“A consecuencia del alboroto ocurrido ayer tarde en la Plaza de toros, fueron detenidos y llevados al juzgado de guardia ocho sujetos, tres de ellos levemente heridos y dos graves, entre estos el cojo que dio origen a la cuestión, y el cual se halla en la cárcel de villa. A uno de los detenidos se le ocupó un cuchillo que sacó a relucir en la contienda”.

Cara Ancha