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viernes, 16 de abril de 2010

MUY MAL CID Y VICTORINO. PERO ¿DÓNDE ESTÁN LOS OTROS?


José Ramón Márquez

Vaya por delante y en primer lugar la profesión de fe: creo en El Cid, torero excelso. En segundo lugar, la jaculatoria: muchos de los que se dicen toreros, de los que levantan pasiones, jamás se han visto en los carteles ni en la plaza con una corrida como la de ayer en Sevilla. Solamente el pensamiento de lo que espera en los corrales, amedrenta. Pasar ese trago es hacer alarde de torería. En tercer lugar, lo sabido a estas alturas. Que la corrida defraudó las expectativas y que Cid estuvo muy mal.

Lo siguiente, dos apuntes. El primero sobre la actitud de Cid con su primero. A este toro lo coge hace dos años y lo despedaza, pero ayer estuvo torpe y como ido. Mal de capa y nada de muleta; sin embargo, le metió el estoque. El segundo, sobre el sexto toro. Toro muy Victorino, listo, aprendió en seguida de la pésima lidia que le dieron y de las fruslerías con las que César Jiménez le saludó de muleta. Cambió el toro a causa de tanta impericia y salió a relucir la alimaña que demandaba un toreo que acaso ya casi nadie de los que están en activo le podría haber dado.

Por lo demás, la corrida se puede calificar de muy mala para el ganadero, y apunta en la dirección de que al paleto, que, según la leyenda, sabía más de los toros que las propias vacas, se le está yendo de las manos su producto. Él sabrá lo que ha hecho, pero la impresión creciente es que la ganadería la está desgraciando. Agua y vino no es buena mezcla. El mejor amigo del ganadero, se decía, es el matadero.