lunes, 21 de diciembre de 2009

LUNES, 21 DE DICIEMBRE




UN HOMBRE PARA LA ETERNIDAD

De recogepelotas a la eternidad: he ahí la carrera de Pep, ese muchacho indeciso. También Jesús tuvo un origen humilde.

Guardiola ("call me Pep") comparte su amor por las frases de camiseta con Zapatero ("call me Zetapé"), su grande amigo. En la final del Mundialito, que no sé a quién se la ha ganadito, se subió a sus botines de chúpame la punta y dijo a sus discípulos:

-Si perdemos, continuaremos siendo el mejor equipo del mundo. Si ganamos, seremos eternos.

Viéndose ya con una nómina de por vida, Chigrinski estalló en aplausos, pero no hay testimonio gráfico de las caras de Valdés, Puyol, Busquets o Iniesta una vez colocados frente el concepto de eternidad.

Al final, Pep lloró, y Juan Cruz, uno de sus rapsodas, rompió a hipar ante las lágrimas de Pep. Lejos de allí, el árbitro Tom Henning Ovrebo, artífice de la Copa de Europa del Eterno, también dejó escapar un singulto.

Los árbitros y la potra que a los niños nos alejaban del Madrid están ahora en Barcelona. Y para siempre, según Pep.

Ignacio Ruiz Quintano