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martes, 8 de octubre de 2019

Matar


Václav Havel


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Una resolución del Parlamento Europeo de 19 de septiembre equipara la naturaleza criminal de nazismo y comunismo, dos productos de la Europa continental y su cultura del Estado.
    
Ya no podemos ver la cara de Havel, pero la resolución (¡once años después de la Declaración de Praga!) parece un triunfo del centrismo “maccio” (“maccio ma non fanatico”) de la UE, que tampoco ve en el folio motivo alguno para romper sentimentalmente con el hamponato castrista, o dejaría de sentirse centro.
    
Mientras la Eurocámara se tira el folio al modo como el Roquentin de Sartre tiraba el guijarro en “La náusea” (“Dejé caer un guijarro y me fui”), un diputado español, Enrique Santiago, secretario general del PCE, justifica el asesinato de la familia real rusa y anuncia que, de darse en España una situación revolucionaria, iría a La Zarzuela a hacer con el Rey lo que Lenin con el zar.

    –Dependiendo de cómo se pusiera, claro.
   
 En lo que la situación revolucionaria llega, el tal Santiago vive aferrado, tan pichi y sin escrúpulos dialécticos, a la nómina de la Monarquía en el Estado de partidos, como otro Carrillo (u otro Santiago) cualquiera.
    
Soy un revolucionario –decía Carrillo a Oriana Fallaci en octubre del 75–, y la revolución no me da miedo. En la guerrilla apuntaba para matar. Y he matado, aunque no me arrepiento. Ahora estoy dispuesto a dejar con vida a los policías de Franco, pero no a Franco. Soy comunista, no socialdemócrata. No soy rosa. No, no lo soy.
    
En cuanto al Príncipe Juan Carlos… ¡qué análisis, los de Carrillo a la Fallaci! Son los de un tertuliano de pan “pringao”. Y luego ¡su reino comunista por un paquete de tabaco con Suárez, una moqueta hasta el tobillo y una nómina de la Monarquía en el Estado de partidos para toda la vida!

    –El rostro es franco, rudo, ibérico –escribía en “Lui” Vilallonga, su hombre en París.
    
El Partido era el hijo de Wenceslao Carrillo diciéndole a un marqués en París que en España un hombre que traiciona a su padre pierde el favor del pueblo.