Follow by Email

jueves, 17 de octubre de 2019

Ensoñaciones





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    No recuerdo una sentencia contraria a los intereses del Consenso, y de ahí que choque que las “cheerleaders” del Consenso se sorprendan ante la Sentencia del “Prusés”, cuyo golpe de Estado no figura en la lista de los estudiados por Gabriel Naudé, un señor muy serio, pues lo del Parlamento catalán fue una… “ensoñación”, como la de Dostoyevski en la pinacoteca de Dresde ante el cuadro de Lorrain o como la de Sánchez ante el cadáver de Franco
  
Sánchez es shakesperiano porque vive donde la confusión ha hecho su obra maestra: combate la corrupción “preveyéndola”, cree que Machado era de Soria y que Huesca linda con Aragón, y entre los ficus de La Moncloa se ve de Martin Sheen en la selva, bajo las aspas del helicóptero que es el ventilador, y cuando Morrison canta “This is the end…beautiful friend”, Sánchez ve el helicóptero de Fellini en “La dolce vita” llevando, en vez del Corazón de Jesús, a Franco, con Marlaska y Guirao (o Guirado), sentados uno en cada estribo, y a cola, el helicóptero de los paparazzi, con el chico de los Escolar como Mastroianni.
  
Como espectador, me reconforta saber que un jefe centrista, Rivera, que es nadador, y una jefa socialista, Calvo, que es jurisperita, piensan lo mismo de las sentencias (Franco, Prusés) del Supremo:

    –¡Es una victoria de la Democracia!
  
Otra victoria de éstas, y nos quitan, al fin, de ratificar listas de partido confeccionadas por un jefe y nos permiten votar a nuestro representante de distrito. Y con dos victorias, incluso podríamos aspirar a elegir, en votación directa y separada, al poder ejecutivo.

    Calvo consiguió con Bergoglio (Consenso de los Nominales) la separación Iglesia-Estado (de todos los muertos, para la Iglesia el alma y para el Estado el cuerpo). ¿Por qué no va a conseguir la separación (¡en origen!) de poderes (no de funciones) que sueña el españolejo en pinkis? En pinkis… o en puñetas. (La razón jurídica para la profanación de Cuelgamuros es que Franco “no separaba los poderes”).