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miércoles, 16 de octubre de 2019

El reparto


 Ortega y Gasset


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La unanimidad no es justicia, sino consenso: reparto.

    Visto por su gran propagandista en la España de los 60, el consenso político es “la placenta de las normas morales y los ordenamientos jurídicos”, y sólo es posible “cuando una ideología abdica de sí misma para adaptarse a la adversaria”:
    
O cuando el acuerdo no existe realmente y el texto aprobado se reduce a una rendición diferida o a un aplazamiento del conflicto.
    
Ya Santayana observó que la democracia instrumental, cuando se enamora de sí misma, exige y produce unanimidad, que los españoles llaman consenso.

    En este reino de igualdades y unanimidades, el consenso no es la voluntad general de Rousseau, ni el alma de las multitudes de Romains, ni la conciencia colectiva de Durkheim, ni el sano sentir del pueblo de Franz Gürtner... Es… ¡el consenso de la minoría sabia! (“los que saben”, dirían Los del Río). No mandan, pues, las leyes: manda el consenso, que aniquila la libertad de pensamiento y discusión. Es “el que se mueve no sale en la foto” de Guerra. De ahí que al juez del voto particular discrepante de Pamplona en la sentencia de “la manada” le cayera la del pulpo: con su actitud no ponía en riesgo la justicia, sino el consenso, piedra angular del Sistema, de modo que, según se ha dicho, incluso la resistencia mental al régimen político es considerada por la hegemonía cultural como delito de opinión. Mas para que puedan vivir tranquilamente estas estructuras convencionales (esto ya lo ve Ortega en el 14) es forzoso que el entorno se vuelva convención: si se introduce un germen de vida, la convención explota.

    Cánovas no habla de Restauración, sino de conciliación (“ni vencedores ni vencidos”), y Ortega le salta a la yugular:
    
Esta premeditada renuncia a la lucha, ¿se ha realizado alguna vez en otra forma que no sea la complicidad y el amigable reparto? “Orden”, “orden público”, “paz”...
    
Y para que no se altere el orden público se renuncia a atacar ninguno de los problemas vitales de España.

Ortega en el Teatro de la Comedia
Vieja y nueva política
23 de Marzo de 1914