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miércoles, 9 de octubre de 2019

Bloquismo





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    España no tenía un pensador político desde Donoso Cortés (el socialismo radical le parecía más admirable que la transigencia liberal porque “posee una teología”), y sale Felipe González, el abogado laboralista que llegó a presidente del gobierno, con el “bloquismo”: no confundir con el “blanquismo”, de Blanqui, el agitador que, según Tocqueville, parecía haber vivido en una cloaca (“El Estado de derecho también se defiende en las cloacas”, diría González).

    –Los representados deben verse reflejados en sus representantes; cumplen su función cuando votan, y los representantes han de administrar ese voto para facilitar un Gobierno estable –explica González en La Toja, donde el Bilderberg del 89.
    
En los regímenes de consenso, el “bloquismo” sería una especie de “imposible” (para formar gobierno) propio de los sistemas proporcionales cuando se solapan dos consensos: hoy, aquí, el setentayochista y el separatista.

    En el sistema mayoritario no hay “bloquismo” porque son los ciudadanos quienes deciden, aunque se corre el riesgo de que la gente vote lo que a uno no le gusta. Era el sistema de Fraga, que venía de Londres, para nuestro 78. Pero González, que estaba en la Urss con Guerra y Boyer para ver a Brézhnev (sólo los recibió Suslov), exigió (porque lo exigía la socialdemocracia de Brandt y Schmidt) el sistema proporcional (a cambio de renunciar a la República). El Estado de Partidos, como bien le explicaría a González su amigo García Pelayo, hace el resto, y el resto es… el “bloquismo”.

    La idea del ideólogo de este Sistema, jurista del TC alemán, era que el Parlamento perdiera su carácter originario y se convirtiera en el lugar de reunión de los comisionados de los partidos “para registrar decisiones tomadas en otro lugar”, negando cualquier atisbo de representación:

    –En el Estado de Partidos la voluntad general sólo nace por obra del principio de identidad, sin mezcla de elementos estructurales de representación.
    
Y de ahí la crisis que tenemos encima.