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miércoles, 30 de enero de 2019

El Gaitu en la jubilación



Con el Tito de Oro en la Antigua

Con la prensa
A la puerta del cuartelillo

Francisco Javier Gómez Izquierdo

        A finales de los 60 llegábamos tiernos infantes de los pueblos, y creíamos que llegábamos a Burgos. Rodeados de trigales, campos de alfalfa y ovejas empezamos a pensar que nuestros padres eran más pobres de lo que parecían y que no podíamos vivir en la capital-capital por lo que nos teníamos que quedar en un pueblo de las “afueras”. Gamonal.

     El bloque de nuestro piso en Gamonal estaba solo, y desde mi balcón miraba atontado todas las mañanas la Cartuja de Miraflores, féretro a lomos de los pinos de Fuentesblancas, como si fuera un cuadro de Velázquez. Frente al bloque había unos chalets de aviación, a la derecha un camino muy ancho, más a la derecha un cementerio y después la iglesia del pueblo.  Nuestra Señora de la Antigua, que por enero era tan pueblo como el nuestro, con su Cofradía de S. Antón de más de cuatro siglos, hoy ya de más de cinco, el reparto de titos y la fiesta de las Candelas con sus verbenas de pasodobles a las que venían los de Burgos y los liantes del barrio S. Pedro.
       
Así empezó Gamonal y lo vimos crecer nosotros, hijos de aquellos “proletarios” que en verdad tenían prole y que tan agradecidos hemos de estar a los sacrificios, fatigas y renunciaciones que nos dedicaron. Vimos cómo se unían la Mil viviendas y Gamonal cuando el pueblo se convirtió en barrio; cómo nacía la calle Eladio Perlado en las huertas de tras la iglesia; cómo íbamos haciendo cuadrilla en los billares del Aincar...

     Creo que empezamos allí. En el Aincar donde el Gaitu tenía dominada a la máquina del pin ball siempre con diez partidas extra. Con trece o catorce años nos contrató un hombre para vender kases y cervezas El León en la plaza de toros por los Sampedros y en aquel gremio de temporeros (vendimiadores en Cárdenas, la Rioja, limpiadores de gallineros, limpiadores del Arco de Santamaría que hoy nos dirían restauradores, todos trabajos por cuatro perras) empezó a fraguarse la cuadrilla. Se fue añadiendo gente de la que se puede usted fiar y a la que por lo general gustaba el fútbol. El Gaitu y un servidor nos hicimos notar pronto porque lo nuestro era de una drogadicción enfermiza y cuando nos quedábamos como abducidos mirando a un desconocido aún Juanito entrenando contra la pared norte de tribuna o a Kresic repartiendo magisterio en El Plantío, Melquiades se reía de nosotros y nos lo soltaba: “estáis modorros los dos”. El Gaitu y un servidor mantenemos que la cuadrilla es de admirar porque en ella no hay nadie que sea mala gente y lo más bonito de todo es que en Gamonal, nuestro barrio, así lo entienden.
    
Nuestro barrio es más de Gaitu que de ninguno de los nuestros porque El Gaitu es allí una autoridad reconocida ya hace cuarenta años cuando hablaba de fútbol con el Gráfico argentino, el Don Balón, el As Color, los pósters del diario Pueblo a mano...; la cofradía de S. Antón (el Gamonal pata negra) le ha dado el Tito de Oro como a un Papa o a un Rey; todos le saludan como a un patriarca gitano y no hay nadie en Gamonal que no sienta su jubilación. Sus policías le quieren como a un padre, mejor como a un abuelo, y le respetan porque no ordena como chusquero. Con su ejemplo transmite la autoridad que sólo le es dada a los elegidos y se resume en “si lo ha dicho Juanjo, será así”.
      
Creo que sus policías le han sacado unas lágrimas y le estoy viendo con un “joé macho..” emocionado cuando me cuente detalles de estos días. La congoja sentimental con sus compañeros va a ser pequeña al lado del reconocimiento del barrio al verle hoy en la portada del Diario de Burgos y saber que en todos los bares al coger el periódico sonará el mismo comentario: “¿Ya se jubila? Con la majo y buena persona que es..” que contestará el parroquiano de al lado “joé que sí, a mí me ayudó con...”
   
De aquí a un mes nos veremos y hablaremos de las peripecias de los que conocimos en los setenta y he perdido la pista: “¿No te lo había dicho? A fulano le dio un jai del que no estamos libre nadie”; de lecturas y sobre todo de fútbol: “Qué segunda parte ayer en Valencia” “Sí, pero si no expulsan al central del Getafe..” “A Bordalás ya le tiene todo Dios marcado y Marcelino que es mas zorrín...” y centro yo y remata él.
      
Se jubila el día de las Candelas, 2 de febrero. El día de la fiesta mayor del barrio. El sábado tronarán cohetes y habrá música y yo que él me preparaba para el besamanos espontáneo que se puede organizar.

    Mereces estos buenos ratos, Gaitero.