Follow by Email

sábado, 23 de junio de 2012

Ocaso de ETA y albor de Sortu


Otra imagen de la muerte

Jorge Bustos

El 7 de febrero de 2011 se encontraba uno en el Palacio Euskalduna de Bilbao, enviado para cubrir el nuevo ladrido de la vieja Batasuna con el enésimo collar. Recuerdo al Holandés, Rufi Etxeberría –albino siniestro que propugnaba en los noventa la “socialización del sufrimiento”–, subiendo al estrado para presentar en euskera a la criatura, que se llamaría Sortu, que significa precisamente surgir. Y recuerdo luego la intervención sorpresiva de Íñigo Iruin, el abogado de ETA, pareja leguleya de Jone Goirizelaia, brazo jurídico del gudarismo mataniños, astuto como una serpiente, afilado como un hacha, remedo vasco de ese Maurice Levy de The Wire que representa a los capos de las esquinas de Baltimore y mejor constitucionalista que estos cátedros del TC titereados por el partido con la misma docilidad con que se avienen al chulo las mulatas en la calle de la Montera. Y decimos sorpresiva porque Iruin anunció que Sortu cumpliría la Ley de Partidos y rechazaría la violencia, en concreto la de ETA.

El propio Iruin vino a explicar con toda naturalidad que la ley no les exigía sinceridad moral ni requería la condena de lo pasado sino el rechazo de la violencia presente y futura, y que esos mínimos a partir de ahora los iban a acatar calculadamente porque lo importante era volver a pillar cacho en las instituciones. No me pareció nada habitual que la izquierda abertzale mencionase expresamente a la banda, mucho menos para sacudirse –así fuera formalmente– su tutela criminal. Pero yo ni era ni soy experto en la materia, así que miré a los lados tratando de constatar un gesto de asombro simétrico al mío en los colegas que escuchaban y apuntaban a toda velocidad. Me fijé en un veterano reportero de El País, pero no parecía manifestar sorpresa.

Oye, perdona, ha dicho ETA, ¿no? —inquirí a una joven periodista que se sentaba detrás de mí, y que resultó ser la delegada del ABC.

Sí. No es normal. En realidad es noticia. Bastante noticia —me contestó Reyero, coincidiendo con la opinión de la compañera Marín.

Seguir leyendo: Click