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sábado, 30 de junio de 2012

Final

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Bucle eurocopero: España termina donde empezó, con Italia, que en una tarde de “Rufufú” (Cassano y Balotelli tienen más de Totó y Tiberio Murgia que lo que ellos se imaginan) se llevó por delante a todo el expresionismo alemán de Bastian Schweinsteiger, cuyo terrible gabinete de doctor Caligari ha resultado ser un inocuo salón de Pilates atendido por su novia Sarah Brandner.
    
La España nueva contra la vieja Italia (Santiago Segura contra Mario Monicelli), y a ver qué pasa mañana en Kiev, cuna de Lobanovsky, el coronel que formó el mejor equipo de fútbol que uno recuerde y de cuyos zapatos de madera, zapatos como de andar por los charcos radiactivos de Chernobyl, no he podido olvidarme.
    
El Telón de Acero para mí siempre serán los zapatos de madera de Lobanovsky crujiendo por el estadio Gerland de Lyon en la Recopa del 86.

    El caso era evitar en la final a Alemania, una vez que el jefe de la Banca nos había advertido de la sobrevaloración del euro español, para nuestra desgracia, y de la infravaloración del euro alemán, para su beneficio.

    Para nosotros, demócratas de una sencillez delbosquiana (“hierático como un samurái”, describen a Del Bosque los editorialistas de un periódico global), los alemanes tienen un no sé qué al hablar que nos impide retirarles el “usted”, además de que tampoco era cosa de ganarles dos veces en tres días: ayer, con Rajoy, en Bruselas, y mañana, con Sergio Ramos, en Kiev.
    
Rajoy-Monti, Del Bosque-Prandelli.

    Sin Del Bosque-Prandelli, Rajoy-Monti no hubieran podido torcerle el brazo a frau Merkel en Bruselas. Pero sin Rajoy-Monti, Del Bosque-Prandelli no tendrían mañana ni el euro para el sorteo del campo en Kiev.