jueves, 30 de agosto de 2012

Pitopausia y lapsus

Hughes

Human kind cannot bear very much realities. Así parece ahora que decía el verso e igual nos quedamos sin realities televisivos este otoño. El verano se va como un rubio surfero desfondado se aleja con su tabla y Amador Mohedano,  imagen del parado español de larga duración, sale ya de su casa, de su retiro chipionero y pitopáusico. Con su algo de pepona albertiana, de señor de camisa abierta y repicar de nudillos en la barra, Amador atraviesa la crisis del maromo y su mujer, que imita a la Jurado hablando como si le estuviesen haciendo cosquillas en el sistema, pare mientras el lapsus del verano llamando Quesadillas a las Quemadillas. Lapsus bretoniano, pero del otro Bretón. La telebajura es televisión que busca el lapsus y en el lapsus hay mucha epifanía y mucho surrealismo. ¿Qué hacemos cuando se hace un chiste con el lugar del horror, pero es involuntario? Lapsus liberador, con la libertad caribeña de lo irresponsable;  lapsus de telebajura, continuidad de la vida absurda y leve. El lapsus es la libertad que nos queda contra la corrección política, especialmente contra la de los estados morales dirigidos. Los apesadumbramientos, las indignaciones, las perpetuidades dirigidas. A qué santo ha de acenizarse la vida si hoy en el periódico viene una señora con cien orgasmos al día. ¡Y uno que pensaba que el orgamo era como montarle a la novia un mueble del IKEA!