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miércoles, 22 de agosto de 2012

Oriol Pujol

El Savi d'Hortaleza recibe a Ulagá

Jorge Bustos

Que no me entere yo de que alguien te pronuncia el nombre a la tosca manera mesetaria, “Oriol”, como el patentador de los trenes Talgo; y no así, “Uriol”, como “Ulegué” o como uro, término que admite varias acepciones. Están los uros con cuernos, bos primigenius taurus o variedad salvaje del toro que no te afecta de cerca porque los tienes prohibidos en aquel pequeño y quebrado país. Y están los uros sin cuernos, que pueden aludir bien al acer monspessulanum o arce de Montpellier que los leoneses llaman enguelgue; o bien a una etnia que habita en las islas flotantes del lago Titicaca. Los uros o urus del Perú disponían –como cualquier nacido en Cataluña– de dos lenguas para comunicarse, el uruquilla y el chipaya, pero el uruquilla se les extinguió por falta suponemos de subvenciones y de prensa vernácula. A cambio, los ururs tampoco tienen corrupción, porque antes es preciso tener dinero y los pobres urus no llegan ni al 3% del circulante de un diputado mediano de CiU.

Cuando le formulé a Emma Ozores la consabida pregunta de si le pesaba el apellido me contestó que al contrario...
 
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